sábado, agosto 27, 2005

El misterio de Salem's Lot

El terror, que no terminaría por otros veintiocho años –si es que terminó alguna vez-, comenzó, hasta donde sé o puedo contar, con un barco de papel que flotaba a lo largo del arroyo de una calle anegada de lluvia.”

O de cómo recuperé mis terrores infantiles de la mano de Stephen King. Él dice que escribe para exteriorizar sus miedos. El problema es que me los interioriza a mí. Desde que leí “El resplandor”, hará unos diez años, supe que él era el culpable de todos mis miedos. Desde entonces, siempre que entro a un cuarto de baño, tengo que mirar detrás de la cortina de la ducha. Desde ese libro, Stephen King ha sido el causante de muchos de mis miedos: miedo a que un virus mortal acabe con la mayoría de la humanidad, miedo a que los extraterrestres nos ataquen haciendo que nos convirtamos en ellos, miedo a los payasos con globos en la mano que flotan (todos flotamos aquí abajo), o miedo al futuro de la televisión y su repercusión en la sociedad. Pero también hay otros temores muchos más “normales” que pueblan mis pesadillas, y recientemente las he recuperado todas gracias a Stephen King.

Como ya dije en uno de mis primeros post, me dan pánico las cucarachas por culpa de una película que vi de niña. Esa película ha resultado ser Creepshow, escrita por Stephen King. La vi hace un par de semanas, y he de decir que mi memoria me jugó una mala pasada con algunos asuntos de la historia. Yo recordaba una casa típica americana, de madera; y un hombre de lo más normal que mataba una cucaracha, y otras venían a vengarse. Lo que vi realmente era un hombre obsesionado con la limpieza, viviendo en un apartamente de un blanco inmaculado. Supongo que mi subconsciente trasladó esa historia a un ambiente más cercano a mí, para hacerlo todo más terrorífico. Claro que el terror era el mismo: miles de cucarachas saliendo del cuerpo del hombre muerto.

Otra de mis pesadillas recurrentes es estar en medio del mar, y tener miedo. No porque haya tiburones u otro animal peligroso, porque en el sueño SÉ que no los hay. Tampco porque no sepa nadar o me hunda, porque en el sueño me mantengo a flote fácilmente. Es por el mar mismo. Sobre todo las algas me dan pánico. En el sueño sé que hay algo que puede acercarse rápidamente y atacarme. ¿Qué es? La respuesta la obtuve cuando vi la historia titulada “La balsa” de Creepshow 2: un grupo de jóvenes se queda atrapados sobre una balsa en mitad de un lago, mientras una masa viscosa que se mueve rápidamente los acecha. Otra pesadilla infantil provocada por Stephen King.

Y es que él sabe cómo dar miedo. Es capaz de que te dé miedo hasta un analgésico, Y si no, leed “Misery”, donde el protagonista está enganchado a la medicina que le da Annie Wilkes, quien por cierto, también es bastante aterradora; o “Los Tommyknockers”, donde Gardener también está enganchado a los tranquilizantes.

Con Stephen King, frases tan normales como “Soy su fan número uno”, “Quiero mi tarta”, o “Gracias por el paseo, señora”, pueden resultar muy aterradoras.

A mí, desde siempre, el personaje de terror que más miedo me causa (además de Freddy Krueguer), es Drácula. De noche, después de ver una película de vampiros, recuerdo que me quedaba completamente quieta en la cama, decidiendo si girarme a la derecha o a la izquierda para dormir; hasta que al final, siempre me quedaba mirando hacia arriba, incapaz de moverme, tapada hasta las orejas para no dejar mi cuello al descubierto, y respirando suavemente para escuchar cualquier mínimo ruido. Así, aunque un vampiro me mordiese, al menos le veía venir y tenía tiempo de gritar y alertar a los demás.

Pero llegó Anne Rice, cuya capacidad de hacer que los vampiros sean snobs bisexuales hizo que perdiera mi miedo a los vampiros. Si ya lo decía yo en otro post, el malo no puede ser protagonista por dos razones: la primera es que si es malo, está fuera del peligro que él mismo implica, y pierde la emoción; y la segunda, es que se produce una identificación entre lector y malo, y deja de ser el malo.

En “Entrevista con el vampiro” podemos aceptar que el malo sea Lestat, en “Lestat el vampiro” podemos aceptar que los malos sean algunos secundarios, incluso en “La reina de los condenados podemos aceptar que la mala sea Akasha, pero... ¿Qué pasa con “El ladrón de cuerpos” y “Menoch, el diablo”? Que los malos no son vampiros, así que buenos = vampiros = pérdida de terror.

Es una suerte que tenga a Stephen King en mi vida. Me he propuesto leer todas sus obras por orden de publicación, y como “Carrie” ya la había leído, me tocaba “El misterio de Salem’s Lot”. En las primeras páginas no se sabe muy bien cual es ese misterio, pero como alguien se le ocurrió traducirlo también como “La hora del vampiro” (haciendo gran alarde de sus dotes de traducción), el misterio se pierde: vampiros sueltos en las noches, cada vez más largas, de Salem’s Lot.

¡Y qué vampiros, señores, qué vampiros! Nada de snobs acechando a la aristocracia francesa, nada de buscar víctimas entre las prostitutas y los delincuentes del puerto de Nueva Orleáns, nada de alimentarse de ratas, ni de tratar de encontrar el sentido de la vida para acallar los remordimientos... ¡Vampiros con mayúscula! De los que necesitan permiso para entrar en una casa, de los que tienen un amo común al que respetar, de los que tienen unos ojos tan profundos capaces de hipnotizar, de los que causan un terror tan asombroso que prefieres unirte a ellos para que todo acabe de una vez, de los que esperan ansiosamente la oscuridad para alimentarse de antiguos enemigos, e incluso de tus padres, si eres un niño... ¡Eso da miedo!

Puedo decir orgullosa y satisfecha, que he recuperado mi miedo a los vampiros gracias a Stephen King. Mis noches de insomnio le deben mucho a este gran hombre.

martes, julio 19, 2005

Aucto del martírio de Sancta Eulalia

En la tercera hornacina del altar mayor, del lado del Evangelio, allí estaba la noticia. La lápida saltó en pedazos al primer golpe de la piocha, y una cabellera viva de un color cobre intenso se derramó fuera de la cripta. El maestro de obra quiso sacarla completa con la ayuda de sus obreros, y cuanto más tiraban de ella más larga y abundante parecía, hasta que salieron las últimas hebras todavía prendidas a un cráneo de niña. En la hornacina no quedó nada más que unos huesecillos menudos y dispersos, y en la lápida de cantería carcomida por el salitre sólo era legible un nombre sin apellidos: Sierva María de Todos los ángeles. Extendida en el suelo, la cabellera espléndida medía veintidós metros con once centímetros.”

Estaba mirando el blog de Eugenio, y menciona una página con el santoral. Me he puesto a mirar mi santo, y me encuentro con esto:

Laura, virgen, 1 de junio.
Laura, virgen, 18 de agosto.
Laura, viuda, 19 de octubre.
Laura Vicuña, virgen, 22 de enero.

A lo que yo me pregunto: ¿Por qué tienen tan mala suerte los santos? ¿Es que para ser santo hay que sufrir? Pero sigo buscando, a ver si hay alguien que no tuviera que sufrir para ser santo, y cojo varios nombres al azar:

Lamberto, mártir: 16 abril
Lauro, mártir: 18 agosto
Lázaro, monje: 23 febrero
Leodegario, obispo y mártir: 11 marzo
León, subdiácono y mártir: 30 junio
Leonardo, abad: 27 noviembre
Leonardo Murialdo, presbítero: 19 mayo
Leonardo, confesor: 6 noviembre
Leoncio, obispo: 19 marzo
Leoncio, labrador mártir: 1 agosto
Leonor, virgen: 22 febrero
Ligorio, ermitaño y mártir: 13 septiembre
Lucina, matrona: 30 junio
Lucio, rey: 3 diciembre
Luisa Albertoni, * religiosa: 31 enero
Luisa de Nagasaki, viuda: 18 septiembre
Llagas de San Francisco: 17 septiembre

Esto hace que me pregunte varias cosas: ¿Cómo puede ser el santoral tan machista? A ver, para llegar a ser santo, se puede ser mártir, papa, abad, obispo, presbítero (que, para el que no lo sepa, aquí quiere decir “Clérigo ordenado de misa”, y no tiene nada que ver con los prostíbulos), ermitaño (no, Sonia, Jiraiya no tiene nada de santo, aunque sea un ermitaño), subdiácono, confesor, monje, o incluso rey. En cambio para ser santa, tienes que ser virgen o viuda. ¿Porqué no hay ningún hombre que sea por ejemplo, abad y viudo? ¿O virgen y mártir? Porque claro, para ser santo, puedes tirarte toda tu vida siendo rey de algún sitio, viviendo a cuerpo de rey (nunca mejor dicho), y cuando te mueras, que te hagan santo. Pero para que te hagan santa, se te tiene que morir el marido. Ya les vale.

Otra cosa que me pregunto es qué haría ese Lucio, rey, para que le hicieran santo. (No, Isa, no creo que sea el mismo Lucius que sale en Harry Potter.) (Sí, Isa, a Lucius tendrían que hacerle santo por aguantar al niño ese de la cicatriz en la frente.)Porque vamos a ver, si por ejemplo, liberó al país de una invasión del país vecino, ¿no podrían poner Lucio, asesino de miles de personas del país vecino, 27 de septiembre.? ¿Y si por ejemplo, lo que hizo fue inventar un sistema de riego para que las cosechas del pueblo no se malograsen en verano, no podrían poner, Lucio, inventor y regador, 5 de Octubre? ¿Y si lo que realmente hizo fue donar una importante cantidad a la Iglesia para que lo hicieran santo al morir, no podrían poner, Lucio, gran sobornador, 7 de Enero? Pero si eres mujer, tienes a todo el mundo pendiente de si con quien vas y con quien vienes, para poder hacerte santa.

Y hablando de santas: Lucina, matrona, ¿de verdad la hicieron santa por ser matrona? Porque según el diccionario de la RAE, una matrona puede ser “Mujer especialmente autorizada para asistir a las parturientas”, que igual era la matrona de las mujeres del tal Lucio, a saber cuántas tuvo. También puede significar “Madre de familia, noble y virtuosa”, que también tiene narices. Así que o virgen, o viuda, o madre de familia. Está clara la concepción de la mujer que tiene la Iglesia. Otro significado es “En las aduanas y oficinas semejantes, mujer encargada de registrar a las personas de su sexo”. Que no creo yo que este sea el correcto, porque no sé yo si en aquella época se registraba a las mujeres en la aduana, aunque pensándolo bien... ¿y si la tal Lucina era la encargada de asegurarse de que las mujeres santas eran vírgenes?

Y la última pregunta que se me plantea al leer esa página es... ¿de verdad hay alguien que se llame Llagas de San Francisco?

domingo, julio 17, 2005

Tres sombreros de copa

MARCELINO-. ¡Pobre tía Paula! Aborrecer ella a Susana... ¡Y Susana ser aborrecida!... ¿Por qué ese afán de pensar mal de todo? ¿De querer descubrir, aun en lo más sencillo y simple, un secreto, un pecado...? ¿Tú no comprendes entonces que en el mundo pueda haber gente buena?”

Después de leer ayer “Maribel y la extraña familia”, y el año pasado “Tres sombreros de copa”, me veo obligada a dedicar un post a Miguel Mihura, dramaturgo, de mediados de siglo, y, para mí, uno de los mejores de este siglo en España. Pero tuvo un pequeño fallo: se equivocó de época.

El caso es que escribió en 1932 “Tres sombreros de copa”, una de las mejores obras del absurdo que he leído, junto con, claro está, “Esperando a Godot”. Por aquella época, para los que recordareis, Lorca estaba escribiendo y estrenando sus obras, del tipo de “Mariana Pineda” o “Bodas de sangre”, así que una obra del absurdo, no era entendida por nadie (“Ubú rey”, preludio del absurdo se había estrenado en 1896, pero hasta “Esperando a Godot” en 1952 el absurdo no puede tener cabida). ¡Un español se adelantó 20 años a él!

Otra pega que tiene este autor es que “Tres sombreros de copa” es de lo mejor, y ya se sabe lo que pasa cuando un autor da de pleno con su primera obra, que las restantes, brillan con menos luz.

Así que ayer me puse a leer “Maribel y la extraña familia” por probar, y resulta que me gustó casi tanto como la primera. La obra va de lo siguiente: Dos mujeres mayores, muy anticuadas, quieren que el hijo de una de ellas se case con una chica moderna, porque es como ellas no han podido ser nunca. El hijo, que se llama Marcelino, encuentra a la chica ideal, Maribel, en un bar, y le gusta tanto que sea tan abierta, tan moderna, tan alegre, que quiere casarse con ella. Pero hay algo que ni él ni las dos mujeres saben sobre Maribel: es una prostituta. El choque entre las dos mujeres mayores anticuadas que quieren ser modernas, y la chica joven que lo es, y que no entiende cómo esas tres personas pueden ser tan inocentes, es cómico ya desde el principio (impresionante la visita alquilada del principio, o la conversación de las dos mujeres sobre lo poco que duran los hombres), pero de la comedia pasa a la total profundidad de los sentimientos, pasando por las sospechas que me recordaron a “Eloísa está debajo de un almendro”, de Jardiel Poncela, pero sin tanta comedia.

Pero, ¿qué me gustó de esta obra? Que realmente no pasa nada, si lo miras bien; y en cambio, los personajes sufren una transformación increíble. Maribel, sobre todo; pero el personaje de Marcelino, en la última página, tiene una profundidad asombrosa.

En “Tres sombreros de copa”, trata de un hombre que va a casarse al día siguiente, y esa noche en el hotel, tendrá que convivir con una compañía de teatro, si no recuerdo mal.

Situaciones de absurdo total, y comedia conseguida con la tragedia que encierran los personajes es lo mejor de Mihura, que para el que no lo sepa, es el encargado de que “Bienvenido Mr. Marshall” sea una gran película.

Lo dicho, Mihura dentro de mi lista de favoritos.

domingo, julio 10, 2005

La memoria del espejo

Diríamos que siempre
todo fue así, desde aquellas
mañanas de la infancia


El tema de las fotos es algo raro. Nadie sale bien en las fotos, o eso decimos todos. Porque a ver... ¿Quién va por ahí enseñando su D.N.I. con orgullo? Nadie. Todos decimos “¡Ni se te ocurra mirar mi D.N.I.!”. El otro día fui con mi hermana a renovar el D.N.I. y como todo hijo de vecino, nos hicimos las fotos de rigor en el fotomatón de enfrente, un sitio estratégico para poner un fotomatón que nunca hace las fotos bien: o salen demasiado claras, o demasiado oscuras, o te cortan la frente.

El caso es que nos metemos en el fotomatón, primero yo, y selecciono, selecciono, y vuelvo a seleccionar. Al cabo de tres o cuatro selecciones más, me dice una chica muy amable (a la que le deben de haber pagado una pasta por poner su voz a estas máquinas infernales, pues todo el mundo que sale de un fotomatón y ve su foto, dice algo sobre la madre de la pobre chica), me dice que me van a hacer tres fotos para que después elija. Y empieza a decirme: “su foto se hará en 3....... 2........ 1........” y se oye el sonido de echar una foto. “3..... 2....... 1......” y sonido de foto. Y por último “3........... 2............ 1.........” y sonido de foto.

Esto estaría bien si alguien tiene una amplia experiencia en fotomatones, pero como el común de los mortales solemos evitar esas máquinas salvo en los documentos oficiales, nadie puede presumir de tener experiencia en ellas. Y es que este sistema tiene una pega. En la primera foto, te pilla un poco de improviso, y sales con cara seria y los ojos de sorpresa. En la segunda te dices a ti mismo: “en esta sonrío”, pero mientras lo piensas y lo haces, te echan la foto; y en la tercera estás cansado de tantas fotos y te da igual cómo salir, total, ya tienes dos fotos hechas donde elegir.

Pero te arrepientes cuando ves las tres fotos. En la primera sales con la cara seria más conocida como “típica foto de D.N.I.” En la segunda sales con una medio sonrisa de gilipollas en la que la gente que pueda verla diga “¿Qué hace esta tía sonriendo a un fotomatón?”. Y en la tercera, sales con cara de mala hostia y empezando a acordarte de la madre de la pobre chica que pone su voz al fotomatón. Así que haces lo que todo el mundo: coges la foto Nº1 más conocida como “la típica foto de D.N.I.”; sales de la máquina, te acuerdas de la madre de la chica de la voz, y vas a comisaría a esperar la cola que se ha formado mientras estabas haciéndote la foto.

Pero lo que no sabe la gente, es que todo este proceso, está altamente planificado. ¿Por quién? Por el mismo Estado. Y esto lo descubrí en la susodicha cola. A ver... ¿Por qué todo el mundo elige la foto Nº1? Porque la policía conoce muy bien la psicología de la gente que entra en estas máquinas. ¿Y por qué quieren que elijas la foto Nº1? Pues porque si la policía entra en tu casa para detenerte a las tres de la mañana, primero miran tu ficha, y ven esa foto, y cuando entran en tu casa, y te despiertas acojonado por ver a un montón de hombres de uniforme apuntándote con sus armas reglamentarias, no les miras con cara de sonrisa de gilipollas a una máquina como en la foto Nº2, ni tienes cara de aburrimiento y mala hostia que tienes en la foto Nº3; sino que tienes la cara de la foto Nº1: serio por haberte despertado, desorientado por ser la primera foto, y con cara de sorpresa por haberte despertado la policía a las tres de la mañana. Así es como reconocen que eres tú. ¿Y porqué salen las fotos tan claras o tan oscuras? Pues porque o te pillan a oscuras en tu habitación, o te enfocan con las linternas de la policía. Así no hay duda de que uno es uno mismo.

Si ya decía yo que todo esto del fotomatón es una estrategia del Gobierno. Otro día os hablaré sobre cómo se las ingenian para que en la foto del carnet de conducir todos tengamos cara de borrachos.

lunes, junio 20, 2005

Disputa del alma y el cuerpo

al cuerpo dixo ell alma: de ti lieuo ma[la] fama,
tot siempret' maldizre, ca por ti penare,”

MENTE: La noche, mi momento del día favorito. En ella puedo navegar, dejarme llevar, utilizar todo mi potencial sin que ese pesado del cuerpo se interponga. Pero que a gusto estoy sin las limitaciones de algo terrenal. Morir, dormir, tal vez soñar...

CUERPO: La noche, mi momento del día favorito. Puedo descansar, sin necesidad de moverme, sin que esa pesada de la mente me esté dando órdenes todo el día. Pero que a gusto se está sin tener que ir de aquí para allá. Sólo respirando y descansando. ¡Ah, el descanso...!

MENTE: Por fin se me da tregua para ser lo que quiera. Esta noche haré creer a mi dueña que estamos en las montañas de Sudamérica, perseguidos por una tribu de indígenas caníbales. Espero que entienda que las montañas significan las dificultades con las que se va a encontrar en los días próximos; que los caníbales se refieren a los aspectos más duros de la vida, y que la huída fácil simboliza una salida fácil a esos problemas.

CUERPO: ¿Qué hago yo corriendo por las montañas de Sudamérica? ¡Si nunca he estado en Sudamérica! Vaya, me persiguen. Ahora recuerdo. Vine aquí la semana pasada, y estuve en una excavación... no, era una especie de investigación de la flora... vaya, debí de meterme con quien no debía, porque me persiguen unos...¡serán salvajes! A correr toca... y yo que quería descansar.

MENTE: Que sueño más poético me está quedando. Creo que pondré unas violetas azules a un lado del camino, a ver cómo reacciona mi dueña dentro del sueño... lo que yo creía, coge una.

CUERPO: Arf... arf... con estos salvajes detrás mía... arf... arf... no hay quien escape. Si pudiera encontrar... ¿qué es eso? ¿Unas violetas azules? Cogeré una. Seguro que son importantes. ¿Por qué iban a estar al lado del camino si no lo fueran?

MENTE: Pero qué predecible es mi dueña... Esto empieza a ser aburrido. Le daré un giro a esto. ¿A dónde podría llevármela ahora?

CUERPO: Pero... ¿Qué hago yo en un aeropuerto, vestido como si saliera de una película de Humphrey Bogart? Supongo que escapé de los salvajes, y he logrado traer la flor azul a mi contacto. Ya sabía yo que iba a ser importante. La apretaré fuerte, no se me vaya a perder.

MENTE: Esto es lo que yo llamo un cambio radical. Pero qué bien me lo estoy pasando. Un aeropuerto, no sé cómo no se me había ocurrido antes. El volar, simboliza el escapar de la realidad, y el hecho de estar en un aeropuerto, simboliza una próxima madurez en la vida de la persona... Espero que mi dueña sepa interpretar esto. Ahora el toque final.

CUERPO: Tengo que esperar. Pronto llegará un hombre con chaqueta roja, y a él le daré la flor... Ahí está.

MENTE: Pero... ¿Qué es esto? ¿Un hombre con chaqueta roja? ¡Eso no lo he puesto yo ahí! Seguro que el Cuerpo ya está interfiriendo en mis asuntos. Voy a despertar.

CUERPO: Se acerca... Ya casi ha llegado... Estira la mano... Estoy a punto de darle la violeta azul... ¿¡Qué es esto!? ¡Mi contacto ha desaparecido! ¿Dónde estoy ahora? Parece que estoy acostado...

MENTE: Relájate, Cuerpo, acabamos de despertarnos. Todo ha sido un sueño.

CUERPO: ¿¡Quién te manda a ti despertarme!? Estaba a punto de darle la violeta azul al hombre, ya casi lo tenía...

MENTE: Te he despertado porque un sueño que llega hasta el final, es frustrante. Es mejor despertar antes de que acabe.

CUERPO: ¿Y a ti quién te ha enseñado eso? Que es mejor despertarse... ¡Siempre dices lo mismo! Al menos aún tengo la violeta azul agarrada en la mano... ¿Qué? ¿a dónde ha ido?

MENTE: Se ha quedado dentro del sueño, donde debe estar. No puedes sacar nada de los sueños, son las reglas.

CUERPO: Me gustaría saber a mí quién hizo esas reglas. Seguro que no era ningún cuerpo. Siempre me despierto dolorido, y me duele la mano de apretar la dichosa flor.

MENTE: (ríe por lo bajo)

CUERPO: Así que te divierte, muy bonito. Siempre me engañas. Soy yo el más fuerte de los dos. Sin mí, tú no serías nada.

MENTE: Y sin mí, tú estarías perdido.

CUERPO: Me gustaría ver eso. Prepotente...

MENTE: ¿Qué me has llamado?

CUERPO: ¡Sabelotodo!

MENTE: Quien se pica, ajos come.

CUERPO: ...

MENTE: Y ahora se calla... ¡Todas las noches la misma discusión! Que si me has despertado, que si hoy una pesadilla, que si amanezco dolorido... Si no fueras tan ingenuo, no te lo creerías todo, y no tendríamos mayores problemas a la hora de aceptar los sueños.

CUERPO: Estoy cansado. ¿Te importaría dejarme dormir un rato más? Como tu te pasas todo el día sin hacer nada...

MENTE: Que equivocado estás. Pero, ¿sabes? En lo de dormir un rato más estoy de acuerdo. Me duele la cabeza. Esto de crear sueños distintos cada noche, es agotador. Pero qué a gusto se está sin tener que pensar en nada... Creo que me dejaré de sueños durante un rato, intentaré quedarme en blanco...

CUERPO: En realidad te encanta tomarme el pelo. Bufff... pero que a gusto estoy en esta postura. Así, descansando... sin correr delante de ningún salvaje... sólo pensar en descansar, y dormir... tal vez soñar.

domingo, junio 19, 2005

La luz es como el agua.

La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.”

“Cierra los ojos. Ahora presta atención. Escucha los sonidos que flotan por la habitación. Ahora quiero que imagines que estás en una sala. Una sala de cine. Eres el único espectador. Es uno de esos enormes cines antiguos. Miras a tu alrededor y ves una gran sala vacía. Te das cuenta de que las paredes de la sala están pintadas de negro. Los asientos, tapizados de negro. La sala está completamente a oscuras, y sólo puedes ver una cosa: la pantalla blanca. Aparecen unas letras en la pantalla. Son gruesas y negras pero están desenfocadas, así que empiezas a acercarte hacia ellas intentando leerlas. Ahora estás muy a gusto. Es tu sillón preferido. Te acercas cada vez más mirando las letras. Estás relajado, tus piernas están relajadas. Sientes que tus brazos pesan más. Estás tan cerca que casi puedes leer las letras. Empiezan a enfocarse. Forman la palabras “dormir”. Duerme.”

(Imaginación es no poder resistirse a estar por un momento en ese cine.)

Este texto, sacado de una película, describe con ejemplos, qué es la imaginación. ¿Cuántos de vosotros no os habéis imaginado en ese cine antiguo? Y es que la imaginación es muy poderosa. Dicen que si un niño coge la costumbre de leer, adquiere la facultad de tener una gran imaginación. Supongo que es así, porque todas las personas que tienen trabajos creativos, suelen ser grandes lectores.

En mi caso, según dicen, tengo mucha imaginación. Eso se ve sobre todo en mis sueños. Y es que yo sueño en 35 mm. Mis sueños tienen distinta fotografía entre ellos, banda sonora propia, distintos tipos de planos durante el transcurso de cada uno, y todo lo que puede tener una película normal y corriente. No sé si es debido a mi imaginación, o a mi obsesión por el cine, que también puede ser, porque además de todas estas cosas, suelen aparecer actores y directores famosos. Sin ir más lejos, la otra noche soñé con una especie de polígono industrial en el que vivían muchas personalidades del mundo del cine, pero sólo recuerdo a Harrison Ford y a Gary Oldman (supongo que sólo les recuerdo a ellos porque sabía que a la noche siguiente iban a dar en televisión “Air Force One”). Anoche soñé que veía una película, con su argumento completo e incluso títulos de crédito al acabar.

(Imaginación es no poder controlar los sueños que se tienen estando despierto.)

Y es que el cine, también refuerza la imaginación, según mi parecer. Estoy de acuerdo en que con un libro tienes que usar más la imaginación, porque el escritor te da las imágenes, y tienes que recrearlas por ti mismo; y al llevarlo al cine, tienes que tener cuidado, porque lo que tú hayas imaginado, puede que no sea igual que lo que hayan imaginado el resto de personas que han leído lo mismo (nota dedicada a Peter Jackson: la torre del Abismo de Helm, está al otro lado; los puertos grises son más majestuosos; y por cierto, Sombragris se llama así por un motivo muy concreto). Pero, ¿quién dice que en el cine no haga falta utilizar también la imaginación?

Pondré un ejemplo muy concreto: Star Wars, Episodio III, La venganza de los Sith (sí, al final yo también he picado en hablar de esta película). ¿Quién, que haya visto la trilogía original, no se ha imaginado cómo sería el paso al lado oscuro de Vader? ¿O la caída de los Jedis? ¿O la separación de los gemelos? Pues por mucho que yo me haya imaginado, nunca alcancé a lo que Lucas tenía pensado. La orden 66 es... impresionante, y el final...

(Imaginación es luchar con espada láser con cualquier cosa que se parezca remotamente a una espada láser original.)

Y es que cómo me gusta la idea de una película en la que todos los espectadores saben que los buenos no pueden ganar al final. Deberían aprender algunos directores, que a veces no importa tanto lo que pase, como la forma de contarlo. A veces los espectadores no queremos sorpresa final, ni preguntarnos qué pasará a continuación, sino ver cómo nos cuentan lo que ya sabemos que va a pasar.

Otro ejemplo: Moulin Rouge, la única película que te cuentan lo que va a pasar tres minutos antes de que pase, y no importa en absoluto. Para los que hayan visto la película y no recuerden a qué me refiero: “Mañana ensayaremos la escena de... ¡Los amantes son descubiertos!”. Y para los muy, muy despistados, que vean de nuevo el número musical de “Spectacular, spectacular” que aparece casi al principio de la película.

(Imaginación es saber cómo va a continuar una historia que el autor dejó a medias.)

Lo cual hace que me pregunte: ¿Por qué me cabreó tanto las dos últimas partes de El señor de los anillos, y me gustó tanto La venganza de los Sith o Harry Potter y el prisionero de Azkaban o Chocolat? ¿Tendrá que ver algo la imaginación con esto?

Fuera del cine, estoy enganchada a la saga del Final Fantasy, el VIII, por ahora. Es un videojuego con su historia, sus batallas, sus juegos de cartas... ¡Pero los personajes son reales! Al menos para mí. Ya he comentado por ahí que los personajes para mí son tan reales como yo misma. ¿Quién me dice que en un mundo paralelo no van por ahí Squall, Rinoa, Quistis y sus Guardian Force intentando liberar al mundo de la amenaza que producen las brujas? ¿Quién me dice a mí que en Inglaterra no pueda haber un castillo dedicado al estudio de la magia? ¿Quién me dice a mí que hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana no ocurriera lo que Lucas dice que ocurrió?

(Imaginación es saber que hay una pequeña posibilidad de que lo que ocurre en esas historias, puede haber sido real.)

Y para finalizar, he buscado en el diccionario de la RAE lo que significa “imaginación” y he encontrado lo siguiente: “Facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales”.

Pero los que me rodean, también me lo han definido:

“En mi imaginación cabe cualquier posibilidad.” (Sonia)

“La imaginación es eso que hace que me lo pase tan bien leyendo, y tan mal en una noche de tormenta a solas.” (Isa)

“La imaginación es lo contrario al estreñimiento mental.” (Eugenio)

Y para mí, “la imaginación es ingobernable.”

domingo, junio 05, 2005

La incógnita

Querido Equis: Allá va mi primera carta. La empiezo recordándote la condición sine qua non de mi compromiso epistolar, a saber: que esto no ha de leerlo nadie más que tú. Sólo con la seguridad de que humanos ojos, fuera de los tuyos de ratón, no han de ver el contenido de estas cartas, puedo ser, como me propongo, absolutamente sincero al escribirlas. A cambio de la solemne promesa de tu discreción, nada te ocultaré, ni aun aquello que recelamos confiar verbalmente al amigo más íntimo. “

Voy por la calle, tan tranquila, y de un coche con la música más alta de lo que debería a las 4:15 de la tarde, salen las siguientes palabras:

“Tu mirada con la mía rasasiándose
Tu piel rozando con mi piel y sofocándose
Y en la noche me imagino devorándote
Atrapándote, provocándote...”

Y más tarde...

“Baila morena, Baila morena
meneo pá lo’ nene’, meneo pá la’ nena’ “

Vaya. Para mi sorpresa entiendo todas las palabras de la canción, excepto “rasasiándose”. Y es que la última vez que busqué en el diccionario el verbo “rasasiarse”, no estaba.

Pero mi vena filóloga me dice: “vale que sea la canción del verano, pero esto tiene que tener algún sentido”. ¡Ingenua de mi! Así que cuando llego a casa, vuelvo a buscar el verbo, para ver si es un neologismo y nadie me ha informado. Enciendo Internet, y busco en el diccionario de la RAE: “AVISO. La palabra ‘rasasiar’ no está en el diccionario”.

¿Veis? Lo que yo pensaba. Igual me he equivocado de verbo. Poco después no me extrañé de que tampoco estuvieran las palabras “rasasiarse”, “rasasir”, “rasasirse” e incluso busqué “rasacir” y “rasaciar” por ver si era cosa del acento. Nada.

Como mi hermana entiende más de canciones del verano que yo, le pregunté. Ella me dio la clave. “Dice ‘Tu mirada con la mía trasasiándose’”.

Sigo buscando, y tampoco existen las variantes “trasasiar”, “trasasisar” o “trasacisarse”. Nada.

Bueno, buscaré en Google, el oráculo de Internet al que todos acudimos cuando queremos encontrar lo inhallable. Pero ni Google sabía encontrar esto, y me respondió lo que todos tememos que nos responda cuando pulsamos el botón de “Búsqueda”, y es que: “Su búsqueda - "tu mirada con la mía trasasiandose" - no produjo ningún documento”. Vaya, voy a tener que ser más suspicaz.

Al fin se me ocurrió la solución definitiva. Quitar la dichosa palabrita, y buscar sólo “Tu mirada con la mía”. ¡Bingo!

Resultados 1 - 10 de aproximadamente 353 de "tu mirada con la mía". (0,36 segundos)

Doy a la primera entrada, y me aparece la letra de la canción entera. Pero no sale “trasasiándose”, sino lo siguiente:

“Héctor y Tito!
Looney Tunes y Noriega!
Con más flow!
Ya tu mirada con la mía están saciándose
Tu piel rozando con mi piel y sofocándose
Y en la noche me imagino devorándote
Atrapándote, provocándote...

Baila morena, baila morena
Perreo pa los nenes, perreo pa las nenas
Baila morena, baila morena
Dale morena, vamonos a fuegote”

¡Ahora sí que tiene sentido! Salvo por el hecho de que ahora me quedan más dudas que antes, como por ejemplo, ¿de qué se sacian esas miradas? ¿No será que una mirada se sacia de la otra, y el plural está mal puesto? ¿Por qué Héctor y Tito son Looney Tunes y Noriega? ¿Qué significa “con más flow”? ¿Qué es eso de “Perreo”? ¿A qué le tiene que dar la señorita Morena? ¿Dónde está Fuegote?

Pero sabiendo que he perdido unos veinte minutos en descubrir qué es “rasasiándose”, y que la búsqueda de estas incógnitas me podría llevar toda la noche, preferí hacer lo que hacen el 88% de los españoles* con las canciones del verano: Fingir que entiendo lo que dicen.

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*Nota informativa: El 3% se molesta en buscar las letras en Internet, El 7% se siente orgulloso de contar a cualquiera que quiera oírle que no le importan las canciones del verano, y el 2% escribimos post revelando que no nos enteramos de nada. (Encuesta realizada por la Academia Literaria de Argamasilla, lugar de La Mancha).

martes, mayo 31, 2005

El paraíso perdido

Siempre se tiene una infancia, sea lo que sea en lo que la vida nos convierta.”

Es extraño encontrarse cara a cara con la infancia en la edad adulta. La cosa es esta: Estoy trabajando (si se le puede llamar trabajar a no hacer nada, y no, no es que intente escaquearme, es que me pagan literalmente por no hacer nada), y de pronto, se acerca alguien cuya cara me resulta muy, muy conocida. Me quedo mirando a este señor... y él se queda mirándome a mí... y los dos intentamos recordar de qué nos conocemos... y media milésima de segundo después descubro quién es... “¿usted no es profesor de...?” y él me responde “Si, eso te iba a decir, tú no eres...”

Tres segundos después estoy hablando con don Ángel, un profesor mío de historia del colegio, al que hacía unos diez años que no veía, y al que, desde aquí, quiero agradecer sus exámenes semanales de historia, porque gracias a eso ahora tengo una memoria envidiable.

Y es que cómo cambian las cosas con el tiempo, y a la vez, qué poco cambian.

Es como en la película Amelie. Ella encuentra en su casa una caja con pequeños juguetes y otras cosas de niño, escondida detrás de un azulejo suelto de la pared. Y decide devolvérselo a su dueño, pero han pasado algo así como treinta años. Así que cuando él entra en la cabina de teléfono donde ella ha dejado la caja y la ve, le invade una sensación de nostalgia... como de algo que ha logrado permanecer después de tanto tiempo... y le hace descubrir lo mucho que ha cambiado él con el mismo...

Es una sensación rara. ¿No les ha pasado nunca? Es como un olor que marcó nuestra infancia y que vuelve tiempo después, ver una imagen que veíamos en la tele siendo pequeños, o volver a comer una magdalena que sabe como las que había en casa...

Hagamos una prueba: Intentad recordar algunas cosas de vuestra infancia, y dedicadle un minuto a cada cosa:
- Un suceso que os marcó.

- Vuestro juguete favorito.
- Un amigo de la guardería.
- Un miedo tuvierais.
- Un lugar al que hace años que no volvéis.

¿A que es raro?

domingo, mayo 08, 2005

Crónica de una muerte anunciada

"Los grandes libros envejecen
y acaban por venirse abajo.
Pero esas nobles ruinas
nunca dejan de tener peregrinos."

Esta semana he ido a unas conferencias llamadas “Diálogos cervantinos” que se celebran cada año, y a las que sigo yendo (pese a que ya me licencié y no hay ningún profesor que me obligue a ello), porque me resultan motivadoras.

Hay invitados, cuya charla resulta pesada, pero hay otros, a los que me gustaría hacer un altar y adorarles. Y como mis palabras no se pueden comparar con las de ellos, pondré algunas de las cosas de las que se hablaron esta semana, imágenes que me resultan sugerentes, o citas textuales:

- Uno de los ponentes, mencionó las puestas de sol en los tiempos primitivos, cuando el sol era lo más preciado que tenían por su luz y calor, y aún se tenía la incertidumbre de si volvería a salir a la mañana siguiente.

- “Lo primero que hacemos al nacer es llorar”. Se estaba refiriendo al trauma del nacimiento, pero me gustó esta frase, porque quiere decir que lo primero que hacemos al nacer es también comunicar nuestro estado de ánimo. La comunicación es lo mejor que poseemos desde el momento de nacer.

- “Con las palabras no se puede coquetear, hay que acostarse con ellas”. No recuerdo quién dijo esto, pero todo escritor sabe que esto es tan cierto como que la cortina debe estar en el lado de dentro de la bañera (por cierto, esto de la cortina no es mío, lo dijo el mismo que se cayó de la bicicleta cuando se puso a pensar en la inmensidad del universo con estas palabras: “En este mundo sólo estoy seguro de una cosa, de que la cortina debe estar por el lado de dentro de la bañera”).

- Si nos borrasen las palabras de la memoria, nuestra primera reacción sería quedarnos aterrados, dando vueltas alrededor de nosotros mismos, emborronados, buscando una forma de comunicación sin conseguirlo.

- “Era poeta, pero odiaba lo impreciso”.

- “Las palabras nos ayudan a ser momentáneamente inmortales”. De esta cita me gustó el oxímoron que se produce entre “momentáneamente” e “inmortales”

- “Cada ciudad tiene un método para suicidarse”. Esto lo dijeron mencionando un puente de Madrid, que está como una especie de monumento, al que acudían todos aquellos que querían suicidarse, y tuvieron que poner una valla enorme para que no siguiese sucediendo esto. Me recordó a que en Barcelona es el metro. Según mi tía, de vez en cuando tienen que cerrar alguna estación porque alguien ha saltado.

- “El poeta es un náufrago en el mar de la creación”. Esta metáfora lo dice todo.

- “El hombre hace dios a todo aquello que le da miedo”.

- “La obra de arte nos desvela lo que ya sabíamos, pero cuyo nombre ignorábamos. Conclusión: todo gran poeta nos plagia”. El año pasado, Mario Paoletti, mencionó esto contando una anécdota de alguien que la primera vez que leyó un poema de Antonio Machado (no recuerdo cual), pensó que le había plagiado, y da igual que Machado viviese un siglo antes que él.

- “Los zapatos son la prenda que más denuncia la ausencia de alguien”. Esta imagen me gustó mucho, me imaginé unos zapatos, en algún lado de la habitación, y sí que es verdad que cuando ves unos zapatos solitarios, parece que falta la presencia de alguien, del dueño.

- “Don Quijote se cansó de leer libros, y salió a leer más”.

No tengo nada más que decir.

Reflexiones de un pequeño filósofo

"¿De qué color es la palabra rojo?"

Dirigiéndose mis pies por estos caminos de Murcia, y haciendo camino al andar, y pensando a dónde me llevarán mis pasos, decidí dejar de ponerme literaria, y ponerme filóloga, que también se da el caso de vez en cuando.

La reflexión fue sobre el verbo más utilizado en español, y también el menos comprendido por los españoles: el verbo haber. Porque díganme… ¿qué significa exactamente el verbo haber? Porque de acuerdo, antes significaba “tener” (“¡Habemus papam!”); y también ha significado “existir” (“yo he”); pero en la actualidad… ¿qué significa exactamente el verbo haber?

Veamos un par de ejemplo. “Hay cinco naranjas en un cesto”. Ahí haber significa “haber”, propiamente dicho. Pero veamos otro ejemplo: “Hay que comprar naranjas para la comida”. Ahí significa obligatoriedad, y comparte significado con “Tener” (“Tenemos que comprar naranjas para la comida”). Y ya sé que nuestra lengua es redundante, pero no me convence la obligatoriedad para el verbo haber.

En las formas compuestas es más complejo. “Yo he comprado” ¿qué significa ese “he” salvo ser partícula de tiempo? ¿Yo tengo comprado? ¿Yo existo comprado? ¿Yo tengo que comprado? Es un misterio.

Pero entonces… ¿por qué todos utilizamos tan impunemente el verbo haber si ni siquiera sabemos lo que significa exactamente, y en muchos casos, la gente ni siquiera sabe cómo se escribe? Porque, permítanme que les diga una cosa, amigos murcianos (si es que alguno me lee): No se dice HAIGA, se dice HAYA. Sí, apúntenlo bien, con H y con Y. Y escúchenme bien, amigos españoles (si es que alguno me lee): No se dice “HABER si quedamos”, se dice “A VER si quedamos”, que viene del verbo VER, no del verbo HABER. No queramos convertir el verbo haber en un cajón de sastre, como cuando alguien escribe “te HECHO de menos”, que no es así, que es “te ECHO de menos”, que viene de la forma “echar de menos”, y no de “hacer de menos”, que si viniera de “hacer de menos,” sería “te HAGO de menos”, a ver si vamos entendiendo esos maravillosos participios que la lengua española nos ha dado. Que la forma HAY del verbo haber, se escribe así, HAY (tercera persona del singular), y no AHÍ (que indica un lugar), o AY (que es lo que grita alguien cuando se pilla un dedo con la puerta).

Y no creo que sea un problema de ortografía, creo que es más bien un problema de no plantearse los significados de las palabras que utilizamos cada día. Deberíamos reflexionar más sobre estas cuestiones, porque es que no puede ser. Tú les explicas a un niño de 4º de la ESO (y lo digo por experiencia), lo que es una metáfora, y no lo entiende, pero después escucha en el telediario que sobre Madrid se extiende un manto de nieve, y no cae en que eso mismo es una metáfora; les explicas qué es una personificación, y no lo entienden, pero después se ponen con sus hermanos pequeños a ver Toy Story; les explico lo que es un eufemismo, y no terminan de entenderlo, pero después ven normal que una mujer dé a luz, o que alguien pase a la otra vida; y por último, les explico qué es una metonimia, y tampoco lo entienden, pero después len un post como el que estoy escribiendo, y ven normal que mis pies se dirijan por estos caminos de murcia.

Y después dirán que reflexionar es malo. Hace un par de años, un guionista español (no recuerdo su nombre, pero sí que dio una conferencia en Murcia), decía que pensar no puede traer nada bueno, que él sólo ha pensado una vez en su vida, y se dio un golpe contra el suelo. La cosa es esta: parece ser que en Mallorca hay un gran tráfico de bicicletas, tú alquilas una, y te la llevas, la dejas en cualquier parte, te metes a un bar para tomar algo, y si a la salida no está la tuya, coges la primera que pillas. Él quiso meterse dentro de este círculo y alquiló una bicicleta. De modo que iba por la noche con su bicicleta, y por casualidad miró al cielo y vio que estaba estrellado. Empezó a reflexionar sobre la inmensidad del universo, la insignificancia del hombre, y otros temas a tratar, y se cayó de la bicicleta. Según él, desde entonces nunca ha intentado volver a pensar por considerarlo perjudicial para la salud. No pido que lleguemos a esos extremos, pero hacerlo en pequeñas dosis, no puede ser malo.

Y un último apunte antes de desconectar mi chip filólogo: si un verbo en infinitivo se escribe con LL, todas sus formas, se escribirán con LL; y si un verbo en infinitivo no tiene LL, sus formas que tengan este sonido, se escribirán con Y. Así, podréis observar que no he escrito “se calló”, sino “se cayó”.

Y lo que ha empezado a ser un post de reflexiones sobre ese mágico verbo que es el “HABER”, ha acabado siendo una pesada charla sobre ortografía. Lo siento, y gracias a los que hayan llegado hasta aquí.

lunes, mayo 02, 2005

Del amor y otros demonios

Niña mía, estamos solos en el mundo

Hace poco estuvimos discutiendo Sonia, Marisa, Eugenio y yo, sobre si existe el amor a primera vista. Sonia sostiene que sí, sin ninguna duda; Marisa que no, sin ninguna duda; Eugenio que existe el encaprichamiento a primera vista; y yo que sí puede existir.

Tras mucho discutir, ninguno de los cuatro nos hemos puesto de acuerdo. Así que explicaré mi postura brevemente. Yo no digo que todo el mundo sea capaz de enamorarse a primera vista, ni tampoco que al decir “a primera vista” me esté refiriendo a ver a alguien por primera vez y creerse enamorado sin haber hablado nada con esa persona. Me refiero a que en un breve espacio de tiempo, puede surgir el amor. Marisa y Eugenio sostienen que no, que eso no es posible. Y yo sostengo: “¿Me estáis diciendo que sin conocer a los miles de millones de personas que viven actualmente en el mundo, y con los millones de relaciones que se establecen a cada momento, eso multiplicado por los miles de años de historia que llevamos el ser humano en la tierra, y por los años de historia que aún le quedan sobre ella; que es total y absolutamente imposible que una sola vez se pueda producir el amor a primera vista?”

Ya no digo que ocurra todos los días, ni que ocurra a menudo, o que le pueda ocurrir a cualquiera, digo que es posible que se produzca, aunque sólo sea una sola vez, el amor a primera vista.

Pero no voy a discutir aquí, ni quiero empezar una discusión (o continuarla), ni empezar a divagar acerca de por qué creo que puede existir el amor a primera vista, o por qué no. Sólo quiero exponer mi teoría, y poner unos ejemplos.

Discutiendo con Marisa, lo que más me dolió fue cuando le puse como ejemplo a Rhett Butler, que se enamora a primera vista de Escarlata O’hara, y ella, va y me suelta que... “Pero Rhett Butler no existe, así que no cuenta”.

¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAhhhhhhhhhhhrrrrrrrrrrrrggggggggggggggg!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿¿¿¿¿Cómo que no existe??????????????!!!!!!!!!!!

Que cualquier persona me diga eso, se lo admito, pero Marisa.. ¡Marisa! ¿Cómo puedes decir que el personaje de un libro no existe? ¡Los personajes de los libros existen! ¡Y los de las películas! Y todas las historias que alguien cuenta alguna vez, ya sea en cine, literatura, comics, manga, o alrededor de una hoguera, han ocurrido realmente alguna vez.

Si hay algo que aprendí realmente estudiando Filología hispánica, fue la teoría de los mundos posibles: “Don Quijote es tan real como la silla en la que estoy sentado”. Según esta teoría, todo lo que se cuenta en los libros, es tan real como la realidad misma, y si alguien pone eso en duda, le desafío a un duelo.

Si personajes e historias son reales, al menos para mí, pondré un par de ejemplos de amor a primera vista, para ilustrar un poco esto:

- Rhett Butler viendo por primera vez a Escarlata O’hara en la escalinata de Doce Robles: “Desde la primera vez que te vi en Doce Robles, supe que tendrías que ser mía”

- Aragorn la primera vez que se encontró con Arwen y la confundió con Lúthien: “Aragorn se turbó, porque vio en los ojos de Arwen la luz élfica y la sabiduría de los años incontables; pero desde aquel momento amó a Arwen Undomiel, hija de Elrond.”

- Calixto y Melibea cuando se encontraron por primera vez: “En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios”

- Noah enamorándose de Allie en “El cuaderno de Noah”.

- Romeo y Julieta (lo sé, es un clásico, pero tenía que ponerlo).

- Shakespeare en “Shakespeare in love”.

- Armando Duval cuando vio por primera vez a Margarita Gautier (ambos personajes de “La dama de las camelias”).

Y así, en incontables ocasiones. Ya lo sé, ya lo sé; son personajes de libros o películas, pero si hacemos caso a lo que dice la historia de la literatura, Petrarca se enamoró a primera vista de Laura, y ni siquiera habló con ella una sola vez. Así que para acabar, pongo el soneto que le escribió tras verla la primera vez:

Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora
y el país, en el cual su encantadora
mirada encadenóse al alma mía.

Bendita la dulcísima porfía
de entregarme a ese amor que en mi alma mora,
y el arco y las saetas, de que ahora
las llagas siento abiertas todavía.

Benditas las palabras con que canto
el nombre de mi amada; y mi tormento,
mis ansias, mis suspiros y mi llanto.

Y benditos mis versos y mi arte
pues la ensalzan, y, en fin, mi pensamiento,
puesto que ella tan sólo lo comparte.

sábado, abril 23, 2005

Las cuatro después de media noche

En el desierto vi una criatura desnuda, bestial, que, acuclillada en el suelo, tenía su corazón entre las manos y comía de él

Últimamente he estado viendo algunas películas de terror, y han hecho que me pregunte lo siguiente: ¿Qué hace de una película de terror, ser una buena película de terror?

Según unos matemáticos, que no tenían otra cosa mejor que hacer, y se dedicaron a crear una fórmula matemática para determinar cuándo una película de terror es buena, y cuando no (y acabaron determinando que la mejor película de terror de la historia del cine era El resplandor); había múltiples factores como la iluminación (o la falta de ésta), el número reducido de personajes o los lugares aislados; para hacer el buen terror. Pero había algo que no me terminaba de gustar del todo en esta fórmula. Estos señores, científicos para más señas, decían que una película de terror daba más terror, cuanto más creíble fuese el tema. Esto no me convenció del todo. Y haciendo recuento, me pregunté a mí misma: ¿Sé lo que hicisteis el último verano da más miedo que El exorcista porque el tema es más creíble? Que cada cual responda lo que quiera.

Pero todo esto me ha hecho reflexionar, y escribir este post que tratará de dar doce sencillos pasos para saber qué hace que una película de terror dé miedo.


Episodio I: “¿Cuál es tú película de terror favorita?”

Desde que era pequeña, y veía películas de terror con mi abuela fingiendo que no me daban miedo para poder seguir viéndolas la semana siguiente, he clasificado las películas de terror, por temas. A saber: asesinos, monstruos, sucesos paranormales y sucesos sobrenaturales. Dentro de las de asesinos, no tenía duda que mi favorito era Freddy Krueguer. Ya no hacen asesinos como dios manda. Antes teníamos a Freddy, a Jason, asesinos que no dudaban en matar a sus víctimas sin meter la pata, ni dar sermones sobre los motivos que les llevan a matar. Como te durmieses y Freddy apareciese en tus sueños, sabías que ibas a morir sin remedio; como te encontrases con Jason, sabías que ibas a morir sin poder evitarlo. Los asesinos de ahora no tienen ese punto psicópata. Más parece que matan por llamar la atención. Veamos la saga de Scream, por ejemplo, que puso de moda el género a mediados de los 90. El asesino de la primera parte, está bien, te engaña, y casi logra que te creas que es capaz de matar a Sidney. Pero no es lo suficientemente psicópata. De la segunda parte, mejor ni hablo. Y de la tercera, es el mejor de la saga. Le mete una paliza a Sidney, y parece que de verdad vaya a matarla, incluso tratan de meter el tema del asesino sobrehumano. Pero nada comparado con los de antes. Esos sí que tienen la vena psicótica. Ayer, sin ir más lejos, vi El cabo del miedo. Robert de Niro hace de un buen asesino. Es psicópata, no tiene escrúpulos, y tiene ese toque de sobrenatural, lo que hace que sea un asesino casi invencible, lo que hace que realmente temamos por la vida de los protagonistas. Pero los asesinos de ahora...


Episodio II: “La sangre es vida”

Dentro de la categoría de monstruos (que he llamado así por ponerle un nombre), están todos los seres que pueblan la imaginación de todo niño: vampiros, hombres lobo, zombies... He de decir que mi favorito siempre ha sido Drácula (como el de casi todo el mundo). Un ser que se alimenta de la vida de los demás, además de terrorífico, es bastante trágico, porque vamos a ver: Si él se alimenta, yo muero; pero muero porque es su naturaleza, él no puede evitarlo, si no se alimenta, muere él... o no, porque en la mayoría de estos casos, el malo es sobrenatural, invencible, terrorífico. Cuanto más fuerte sea el malo, más terror nos causa. Si a un vampiro sólo puedes matarle con una estaca en el corazón, ajo, un crucifijo o la luz del sol, vamos mal. Lo de la luz del sol no es viable, porque estos seres no son lo suficientemente estúpidos como para dejarse engañar y dejarse conducir hacia la luz. Lo del ajo y el crucifijo está bien, pero en el mejor de los casos, el daño es menor, así que no conseguimos nada. De modo que la única forma de acabar con el vampiro es con la estaca en el corazón. A ver quién se atreve a acercarse a un ser tan poderoso con sólo una estaca de madera. Es casi de suicidas. Además, siempre salen de noche, cuando nuestros mayores terrores se hacen realidad... ¡qué miedo! Pero últimamente, las películas de vampiros dejan mucho que desear. No creo recordar haber visto ninguna que me haya gustado. Hace poco vi Blade, y está bien, pero como digo en mi post sobre los malos, en cuanto son protagonistas dejan de molar, y de dar miedo. Además, muchos efectos especiales, pero nada de terror. ¿Qué hay de la oscuridad en casi toda la película? ¿De la chica indefensa por quien temer? Ya no hay nada de eso, así que las películas pierden su gracia.

Sobre hombres lobo y zombies... Los hombres lobo, apenas me han dado nunca miedo. Los zombies, sí, pero depende de cómo sean. Por ejemplo: los zombies de Resident Evil están bien, pero se mueven demasiado lentos (los perros sí que dan miedo). En cambio, los zombies de 28 días después, sí me dieron miedo, porque se movían deprisa. Así haces que temas por los protagonistas, que te metas en la situación.


Episodio III: “Bonito día para un exorcismo

Las películas de temas paranormales, son las que normalmente dan más miedo. No sé por qué esas personas (sí, los científicos matemáticos que no tienen nada más productivo que hacer que ver películas de terror), dicen que estos temas son poco creíbles. Lo que tienen que hacer estas películas es hacer que te metas en ellas, que te creas la historia dentro de la historia, y no si la historia puede suceder fuera de la historia. Además, ¿quiénes son estos científicos para decir que lo que pase en estas películas es poco creíble? Poco probable, lo acepto, pero poco creíble, no. El exorcista, Poltergeist, hacen que pases miedo durante y después de la película. Haces que temas por las niñas protagonistas, y hacen que eches un vistazo a tus espaldas de vez en cuando. ¿Por qué el terror oriental está teniendo tanto éxito últimamente? Pues porque recuperan estos temas, y porque en parte, lo hacen bien. Estoy segura de que cualquier par de frases de El exorcista puestas aquí, a voz de pronto; da más miedo que ver una película completa de las que están ahora mismo en la cartelera.


Episodio IV: “Hay un hombre en mi ventana, ¿me das un vaso de agua?”

Dentro de este tema de los sucesos sobrenaturales, están sobre todo las películas de extraterrestres, cuya presencia es menor en el género. La verdad es que sólo se me ocurre una película de terror sobre alienígenas que me haya gustado, y esta es Señales. Tengo que decir que una de las escenas que más me gustó, es al final, cuando están en el sótano, y la cámara cae al suelo. ¡Terror por defecto de imagen! Eso sí que mola. Que dé terror lo que no se ve en la pantalla.


Episodio V: “Si esto es una leyenda, ¿dónde está la sorpresa final?”

Las películas de ahora se suelen basar en una cosa: la sorpresa final. Supongo que guionistas y directores se han puesto de acuerdo para pensar que sin suspense para saber quién es el asesino, o sorpresa final que te ponga del revés las casi dos horas de película, no hay buen terror. Pues, ¿les digo una cosa, señores guionistas y directores? Se equivocan. Estoy de acuerdo en que hay buenas películas de terror con sorpresa final, pero no es algo imprescindible. El gabinete del doctor Caligari, es un ejemplo de buena película con sorpresa final. Pero, por poner un ejemplo de la misma época, Nosferatu es otro ejemplo de buena película sin sorpresa final. Muchas grandes películas de terror de las buenas pueden tener sorpresa final, como Psicosis; pero no se basan únicamente en eso, y ahí reside su grandeza. Por seguir hablando de Psicosis, de acuerdo, la sorpresa final es buena, pero también lo es el ambiente del motel, el personaje de Norman Bates, incluso la figura de su madre, que sin salir apenas, da terror.


Episodio VI: “Todos nos volvemos locos de vez en cuando

Las paranoias personales es algo que da mucho terror, y es algo que no suelen utilizar últimamente en las películas. Si un personaje tiene una fobia, una manía, o sospechas de que pueda ocurrir algo, aunque acabe no ocurriendo, el espectador siente el mismo miedo que el personaje. Hace poco vi también Luz que agoniza. La protagonista escucha ruidos en el piso de arriba, y la luz de gas disminuye... acabé emparanoiándome yo también sobre los ruidos y sobre la luz. Ese ambiente de restricción, ese miedo de la protagonista, son contagiosos; y las películas de hoy en día no explotan ese recurso. Corregidme si me equivoco, pero no recuerdo ninguna película que haga algo así bien, desde hace años.


Episodio VII: “Mi novio acaba de morir, ¿por qué iba a ducharme?”

Porque no hay película con escena de ducha que no sea buena. Y si bien la simple idea de la ducha, en principio no inspira mucho terror, los datos hablan por sí mismos. Supongo que la ducha es uno de esos sitios donde estamos solos con nosotros mismos, y empezamos a pensar, y a pensar... y a sentir miedo, al fin y al cabo. Supongo que un director capaz de meter una buena escena de ducha, no puede ser tan malo como para fastidiarlo el resto de la película. Y si a alguien no le convence este argumento, le recuerdo la película antes citada, Psicosis, que tiene su escena de ducha.


Episodio VIII: “La carne es débil, Johnny, sólo el alma es inmortal. Y la tuya me pertenece

Y así es. Cuanto más débil sea el/la protagonista, y más fuerte sea el/la antagonista, más miedo se pasa. Como he dicho antes, con lo de los vampiros, un malo que sea sobrenatural, que haya muy pocas posibilidades de acabar con él, cuanto más fuerte sea, más terror inspira. El resplandor, por ejemplo. Jack Torrance, un hombre exalcohólico interpretado por Jack Nicholson, con todo un hotel fantasma de su lado, y un palo de roqué... (perdón, ha sido un lapsus) un hacha; se enfrenta a un niño con un amigo invisible que ha decidido no dirigirle la palabra mientras estén en dicho hotel; y a su madre, una mujer indefensa con la voz de Verónica Forqué. El resultado... te pasas toda la película rezando por el pobre Danny, para que el hombre del hacha no le rompa su frágil cabecita. En El exorcista, el mismísimo Satanás tiene poseído el cuerpo de una niña de diez años que trata de pedir desesperadamente ayuda a su madre divorciada. En La semilla del diablo (dejo constancia de que no he leído la película, sólo he leído el libro... esas cosas que hacemos los filólogos), una mujer es vendida al diablo por su marido para que tenga un hijo con ella, y por si fuera poco, la mujer, ya embarazada, tiene que enfrentarse con sus vecinos. En Misery, un escritor que apenas puede moverse es secuestrado por una mujer que es capaz de cortarle una pierna de un golpe. Son las películas en las que la situación sobrepasa a los protagonistas las que más miedo dan.


Episodio IX: “Fijaos que sorpresa, alguien ha cortado el teléfono

Otro requisito casi imprescindible es que los personajes en peligro estén aislados. Pero últimamente no buscan buenos motivos para aislar a la gente. Se conforman con que los personajes pasen toda la película en una casa cualquiera. A ver, en El resplandor, es la excusa de un trabajo para aislar a los tres protagonistas durante todo el invierno; en Psicosis, es un motel apartado, pero en principio iba a ser una sola noche; en El exorcista sí que es una casa cualquiera, o mejor dicho, una habitación cualquiera, pero la excusa es buena: ¡El diablo tiene secuestrada a Regan! Recuerdo que en Posesión infernal también estaban en una casa, pero como el bosque estaba en su contra, era peor: árboles que cobraban vida, puentes que caían...


Episodio X: “Ve hacia la luz, Carol Anne

O hacia la falta de luz. Cuanta más oscuridad haya en una película mejor. Hay que inventarse lo que sea para que haya oscuridad: una tormenta en mitad del bosque, un apagón en una casa encantada, la bombilla del desván se funde, las pilas de la linterna se apagan en el momento crítico... O como en El silencio de los cordero, cuando Clarice está completamente a oscuras, y el asesino la observa con gafas de visión nocturna... Esa escena sí que da miedo. Si insinúas que hay algo, y quitas luz de la pantalla, el espectador empezará a ponerse nervioso... ¡la sala está oscura!


Episodio XI: “Y la gente dice: si esto lo viera en una película, no me lo creería

Ya he dicho que el que una historia sea creíble en el mundo real, no es argumento suficiente como para descatalogar una película de terror, pero tampoco hay que hacer una historia demasiado fantástica como para que el espectador se la tome a risa. El truco está en hacer que algo increíble se convierta en creíble. Que el espectador no se olvide de la película al salir de la sala porque eso nunca le podría pasar a él. Cuando una película de terror es realmente buena, por la noche, en la oscuridad, se recuerda. Es inevitable. Hay que hacer que el espectador se plantee: “Y si...”


Episodio XII: “¿Se han callado ya sus corderos, Clarice?”

En definitiva, para que una película de terror sea buena, hay que haber visto muchas películas de terror antes, y tener ganas de hacer una buena película, y no sólo una película taquillera. Actualmente puedo ir a cualquier cine, y habrá un mínimo de dos películas en cartel que sean de terror. Pero ninguna que me haga tener pesadillas.



Por mi parte no me queda nada más que decir, excepto que seguiré esperando y viendo viejos clásicos.

martes, marzo 29, 2005

Las flores del mal

¡El diablo es quien juega con los hilos que nos mueven!
Encontramos la belleza en lo más repugnante
Y, cada día, a través de las tinieblas pestilentes
Avanzamos perdidos un paso hacia el infierno.

El mal está presente en nuestras vidas, y aparentemente, solemos alejarnos de él. Al ver una película o leer un libro, solemos estar de parte del protagonista, que suele ser el bueno, pero la realidad es que es el mal el que más nos atrae. Si no... ¿Por qué nos atraen tanto los malos?

Me basaré en varias pruebas. Si alguien dice “El silencio de los corderos”, pensamos automáticamente en Hannibal Lecter, encerrado en su celda con su máscara puesta. De hecho, las siguientes partes han sido una en la que él es el protagonista, y otra cuyo mayor atractivo consistía en descubrir cómo consiguieron encerrarle en la cárcel. Puede que la protagonista sea Clarice Starling, pero como mola Hannibal. Ahora me referiré a la serie V. ¿A que han pensado en Diana comiéndose un ratón? Está claro. Los malos son los mejores.

Y hay actores que saben muy bien eso. Kevin Spacey en Seven. Es el mejor. Nunca olvidaré la escena en la que se presenta en comisaría y enseña sus manos sin huellas dactilares. Un actor que suele hacer de malo: Alan Rickman. Según me han dicho, a él le gusta hacer teatro, y sólo hace cine por divertirse. ¿Y qué mejor diversión que la de hacer de malo? Porque vea donde lo vea, es el malo: La jungla de cristal, Robin Hood, e incluso en Love Actually hace un personaje negativo, aunque no hace de personaje tan negativo en Dogma (aunque ser la voz de Dios, tampoco es muy normal), ni en Sentido y Sensibilidad. Pero me encanta haciendo de malo en Harry Potter. Es lo mejor de la primera película... esa primera entrada que hace en clase, que da miedo... “No permitiré ni vanos encantamientos, ni aireo de varitas mágicas en mi clase”. ¡Me encanta Snape! Y la verdad es que Alan Rickman lo clava. En la segunda parte, comparte el puesto a “lo mejor de Harry Potter” con Kenneth Branagh. Otro que también hace de malo en esta parte... bueno, si no de malo en el sentido más estricto de la palabra, sí en un sentido figurado. Después de todo, cuando se descubre su secreto, no es muy bueno que digamos.

Y en la tercera parte, Alan Rickman comparte puesto con Gary Olman. Otro que sabe lo buenos que son los malos. Este hombre suele hacer de malo, y qué bien lo hace. Aquí es Sirius Black, un expresidiario fugado capaz de matar a quien se cruce en su camino. Pero en Drácula... como mola haciendo de Drácula. Es el mejor. La verdad es que no recuerdo ninguna película en la que salga él que no haga de malo: Air force one, El quinto elemento... Y ustedes me dirán: en La letra escarlata no hace de malo. Bueno, depende de cómo se mire. (Sonia, no sigas leyendo, o te chafo la peli) Si lo miramos desde el lado de un predicador que tiene relaciones con una mujer, y que por culpa de esas relaciones a ella le ponen la letra escarlata de infiel, y hasta la tachan de bruja... bueno, lo que se dice bueno, no es que sea. Pero ahora que caigo, sí que hay una película en la que no hace de malo. Se trata de Interestatal 60, una película que vi por casualidad en una de mis excursiones por Murcia. En esta hace de una especie de genio que cumple deseos. Aparentemente, no es muy malo... pero sí bastante cabrón. ¿Habéis oído eso de “cuidado con lo que deseas”? Pues este genio lo lleva a rajatabla.

Con el siguiente actor que mencionaré, se produce un fenómeno muy curioso, y es que lo vea en la película que lo vea, siempre me parece que es el malo. Se trata de Jack Nicholson, y aunque salga en una comedia romántica, me parece que es el asesino. ¿No tienen ustedes esa impresión? No sé si es por algún trauma relacionado con El resplandor, o porque de verdad tiene cara de malo. Aunque mirando sus películas, le pasa lo que a Gary Oldman, que o hace de malo, o de loco: El resplandor, Alguien voló sobre el nido del cuco, Mars Atack, Algunos hombres buenos, Batman, e incluso Mejor imposible.

Con este elenco de actores, parece que los mejores papeles son los de malos. Y es verdad. Los personajes malos tienen un no sé qué que nos atraen. Pero para que un malo funcione como tal, hay una característica imprescindible: que sea secundario. El protagonista tiene que ser bueno, y el antagonista, el malo. En caso de que el protagonista sea el malo, se convierte en bueno. ¿Por qué? Pues porque nos sentimos identificados con el protagonista, y no nos podemos sentir identificados con alguien de moral dudosa. Hagan la prueba. Si vemos una película de policías, los policías son los buenos; y si vemos una película de ladrones, los ladrones son los buenos. Es como en Kill Bill: Uma Thurman, ¿es la buena o la mala? Porque aparentemente es la buena, pero cumple todos los requisitos para ser la mala. Es una asesina, no tiene escrúpulos salvo con la hija de Vernita Green, y actúa por venganza. ¿O los malos son los demás? Bueno, de acuerdo que ellos mataron a todos en la boda, pero actúaban por órdenes de Bill, y no hacían nada que ella no hubiera hecho también. De modo que se supondría que el malo es Bill, pero él sólo actúa por venganza, igual que ella, cuando se entera de por qué le dejó ella. Así que sea quien sea el malo en esta película, a mí me encantan todos.

Sólo se me ocurren dos película en las que el malo es el protagonista y conserva su halo de maldad intacto: El talento de Mr. Ripley, aunque viendo la película puede decirse que vale, que Ripley es malo, pero porque la vida lo ha hecho así. La verdad es que la moral de Dickie Greanleaf no es muy buena, y podemos pensar que es él quien empuja a Ripley a ser malo. Pero no lo creo. Ya antes de conocer a Dickie da un nombre falso. Creo que este personaje tiene la maldad corriendo por sus venas, y por eso me gusta tanto. Además, Matt Damon lo borda. Tanto que pensé que no me iba a gustar John Malkovich como Ripley porque iba a estar pensando en Matt Damon haciendo el papel, pero cuando vi El juego de Ripley, tuve que plantearme el dilema de cual de los dos hace mejor ese papel. No pude elegir a uno. John Malkovich es otro de lo que puede hacer un personaje de moral más que dudosa y ser creíble. He leído que es muy posible que interprete a Voldemort en Harry Potter, y espero que así sea. Porque hay que ser muy buen actor para hacer de malo. Claro que todo el mérito no es de los actores. Un buen personaje malo, es lo mejor.

Ya he dicho que para que un malo sea bueno, tiene que ser secundario: En el silencio de los corderos, Hannibal funciona porque es secundario. En la segunda parte, han querido darle un papel más principal, y la película es un desastre. Independientemente de que la película sea mala o no, Hannibal no es del todo creíble. En cambio, Gary Oldman (que por si alguien no lo ha reconocido, es el hombre desfigurado que quiere vengarse de Hannibal), sí resulta mejor como malo en esa película. Hannibal, al tener un papel más principal, se convierte casi en bueno, así que no funciona. En El dragón rojo, vuelve a funcionar Hannibal Lecter, vuelve a tener un papel más secundario, y el personaje del dragón rojo, interpretado por Ralph Fiennes, también funciona. Me encanta este como malo: no tiene moral ninguna, y tiene ese punto de psicópata que hacen de un malo, un buen malo.

Es la característica que tienen que tener los malos de las películas de terror. Todas las buenas películas de terror tienen un psicópata: Freddy Krueguer en Pesadilla en Elm Street, Jack Torrance en El Resplandor, Norman Bates en Psicosis, incluso Regan tiene ese punto psicópata cuando está poseída por el demonio.

Como me dijo uno de mis profesores hace tiempo: para que una historia funcione, tiene que tener dos característica: un bueno, muy bueno y muy indefenso; y un malo, muy malo y muy poderoso. Y como dice un dicho conocido: Los niños buenos van al cielo, y los malos donde quieren.

No sé ustedes, pero yo prefiero a un buen malo antes que a los buenos. En Smallville, por ejemplo. Mi personaje favorito es Lex Luthor, y sobre todo al final de esta tercera temporada, donde ya se está viendo que realmente puede llegar a ser muy malo. Hasta ahora ese papel lo estaba cumpliendo su padre, Lionel, que también me encantaba. Pero Lex, es Lex, y teniendo en cuenta su futuro, no puede dejar de ser mi favorito.

En otra serie, esta vez de dibujos, aparecen malos, muy malos. Me refiero, claro está, a las Supernenas. Los malos de esta serie son geniales, desde Mojo Jojo, hasta “un malo tan malo que sólo decir su nombre, causa terror en quien lo dice, y por eso le llamamos simplemente “Ese”. ¿Cómo no me va a gustar un personaje cuya presentación es esta? Y siguiendo con las historias infantiles, veré ahora dos de mis malos favoritos. En primer lugar Jafar, el malo de Aladdin. Cómo mola este personaje. Es mi favorito en la historia. De hecho, cuando fui a Disneyland, y lo vi, salí corriendo para hacerme una fotografía con él, y él, haciendo honor a su maldad, me tapó la cara para la foto. A quien también vi, y por quien también corrí a hacerme una foto fue a James Garfio, el antagonista de Peter Pan. Este sí que mola, sobre todo en la penúltima adaptación que hicieron, donde lo interpreta Jason Isaac (que también hace de Lucius Malfoy en Harry Potter). Este es uno de mis malo favoritos. Igual que Peter Pan, pero en el lado malvado. Son como Jeckyll y Hide, pero uno de niño, y otro de adulto. No sé por qué, pero siempre he tenido la impresión de que Garfio tampoco quiere crecer. De hecho es pirata, y no es capaz de alejarse mucho de Nunca Jamás. Creo que los malos siempre tienen una relación muy estrecha con los buenos, y no pueden vivir sin ellos. Su maldad radica en la contraposición con los buenos, y si los buenos no existieran, ellos no serían malos. Estoy segura de que si alguno de estos malos tuviera la oportunidad de acabar con el personaje bueno, no lo harían. Como en el capítulo de los Simpsons en el que Bob tiene la oportunidad de acabar con Bart y lo deja vivir porque dice que se ha acostumbrado a él, y cuando salía por la ventana le dijo aquello de "Volveremos a encontrarnos, Bart".

Y pasemos a las películas basadas en comics. No sé cual será vuestro personaje favorito de X-Men, pero el mío es Magneto, aunque no sé si por el personaje en sí, o porque lo interpreta Ian McKellen. La verdad es que en los comics que he leído sobre X-men no aparece mucho, así que no puedo comparar. En Constantine, que vi hace poco, ya he mencionado en el blog de Eugenio que me encantó Satanás. En Elektra, me gustaron mucho los malos que salían, y así en casi todas.

En la saga de Scream, por ejemplo. Los malos de la primera parte son geniales. Logran engañar. Los de la segunda, no tanto. No tienen sustancia, no tienen motivación, no son creíbles. Pero el de la tercera parte... ese sí que parecía que iba a matar de verdad a Sidney. Es como en El Resplandor. Si ves a Jack Nicholson, parece que de verdad quiere matar a Danny, pero en la miniserie, a quien pusieron de Jack Torrance, parecía incapaz de matar una mosca.

Todo esto se incrementa cuando el malo, es un niño. ¿Qué me dicen si les nombro a Regan del exorcista, a Damien de La profecía, y más actualmente a Samara de la señal, o a Toshio de la maldición? Supongo que dan más miedo por la inocencia que se supone que tienen que tener los niños, y que estos no tienen. El caso es que funcionan como malos.

En definitiva, lo que me gusta (y supongo que a ustedes también), es lo que decía mi profesor: “un malo, muy malo, y muy poderoso”, a lo que añadiría “que no tenga ningún tipo de escrúpulo, que tenga un punto psicópata, y que sea interpretado por uno de los actores citados con anterioridad en caso de querer hacer la adaptación al cine.”

viernes, marzo 25, 2005

La máquina del tiempo III

La tienda:
“Cosas necesarias
un nuevo tipo de tienda
¡no darán crédito a sus ojos!”

Y una tercera vez, retrocedamos en el tiempo...

...¿Alguna vez se han parado a reflexionar por qué nos atraen tanto las cosas “gratuitas? ¿Los descuentos en lo que compramos? ¿Y qué me dicen de esos regalos que nos hacen las revistas? Es una droga.

Hagan la prueba. Vayan al quiosco más cercano, y traten de no comprar algo en lo que ponga “* de regalo”. Da igual lo que sea, o si nos hace falta, porque en cuando lo vemos, nos atrae como si estuviera escrito en luces de neon, y nuestra salvación dependiera de poseer o no ese regalo.

Hoy he ido a comprarme el Cinemanía. Más que nada, porque aparece Angelina Jolie en la portada con el parche negro, y anuncian un reportaje de “Sky Captain and the world of tomorrow” en el interior. Y al ver lo que la revista llevaba de regalo, he podido resistirme aún menos... ¡Una cinta para el móvil “de regalo”! Al verla, Sonia me ha pedido que se la dé, pero... ¿Qué se ha creído? Es MI regalo. Búscate tú otra revista. Puede que ya tenga una de esas cintas de las Supernenas, pero oye, esta es “de regalo”.
Y es que Cinemanía sabe montárselo. En septiembre me convencieron de que comprase la revista porque llevaba unas gafas de Garfield con funda y todo “de regalo”. ¡Yo las quiero! ¡Las necesito! ¡Aunque tenga que regalárselas a Gastoff porque son tan pequeñas que no me valen! Y María quería quitármelas... ¡Es MI regalo! ¡Gastoff las necesita!

Claro que con María es con la que más discuto por estas cuestiones. Allá por mayo, salió en la Opinión, o La verdad, la colección de posters de Harry Potter y el prisionero de Azkaban “de regalo”. Ni que decir tiene que me compré el periódico durante cinco jueves consecutivos para conseguir los posters. ¿Qué el de esta semana no me gusta? ¡Da igual! ¡Es de regalo!

¿Y qué pasa con la alegría que me llevo cuando recibo las cartas de Yves Rocher? Al compara cualquier cosa, te regalan collares, monederos, peluches, muestras de perfumes... ¡Y todo “de regalo”! ¿Qué la bufanda que regalan este mes me produce sarpullido? ¡Da igual! ¡Es “de regalo”! Que se lo digan a Susana, que se compró una revista porque llevaba un paraguas “de regalo” que tuvo que tirar tres semanas después porque ya no servía, pero... ¡era “ de regalo”!

Pero para regalos gordos, los que se reciben por correo. Cuando recibo una de esas cartas en las que ponen “Querida señora Pérez, ha resultado usted ganadora”... es que se me ilumina la mirada de una forma... ¡Que emocionante! ¿Qué me habrá tocado esta vez? Un coche, videocámaras, un millón de euros, un viaje a Egipto, el anillo de la reina Noor... Claro que para ganar eso tienes que realizar un pedido, pero... ¿Qué más da? ¡Es “de regalo”! Que me dan ganas de contestarles:

“Queridos amigos de Galería del coleccionista. Me gustaría que me mandasen el ajedrez con piezas talladas en marfil al estilo Luis XVI, a pagar en cómodos plazos mensuales durante los próximos veintitrés años. Pagaré lo que sea, pero por favor, mándenme algo “de regalo”... lo que sea... me conformo con los alfiles”.

Si es que los grupos políticos no saben montárselo. Si yo me presentase a la presidencia, mi eslogan sería: “Si me votas, te enviaré a casa un pin “de regalo”. ¿Alguien podría resistirse?

jueves, marzo 24, 2005

La máquina del tiempo II

Noche de guerra en el museo del Prado:
“Dulce, tierno y bravo a la vez al por tanto tiempo golpeado indio nicaragüense, en su bello idioma con deje de remota antigüedad precolombina, por aquellos caminos encendidos a la noche de cocuyos, engarzadas luciérnagas, a veces como ajorcas en sus tobillos para iluminarse la tierra que van pisando.”

Volvemos a retroceder unos meses...

...Hay veces en las que te lías y sin saber cómo, acabas acostándote a las seis de la mañana. Anoche, por ejemplo. Estábamos en el salón Eugenio, Sonia, Marisa y yo, pensando qué íbamos a cenar. Durante la preparación, hicimos planes para esa noche. Ver Kill Bill vol. 2, y quizás, jugar a Scene it, un juego nuevo muy divertido sobre cine, con DVD incluido.

De modo que preparo el DVD de Kill Bill y me detuvieron. ¡A las 11 iban a dar el nuevo anuncio de Freixenett! ¿Cómo oso? ¡Hay que ver ese anuncio todos los años! (y cualquiera convencía de lo contrario a Marisa). Así que cenamos y vimos el dichoso anuncio, este año con... ¡Pierce Brosnan! ¿Qué puedo decir del anuncio? Algo soso, y el tío este con cara de James Bond. He de decir que nadie, excepto Sean Connery, será nunca James Bond. Echando de menos más burbujitas, empezamos a ver la peli. ¡Como mola Uma Thurman con katana! ¿Y qué decir de ese Pai Mei? Reto a un duelo al amacecer en una playa privada a cualquiera que diga que esta película es mala.

Así que acabamos a eso de la una (incluyendo el visionado de una escena eliminada en la que David Carradine se carga a unos tíos), y empezamos a jugar al Scene it. Las preguntas más divertidas eran las que se dirigían a los cuatro y ganaba el primero que respondiese. Así cuando nos preguntaron a qué película pertenecía la siguiente melodía, y empezó a sonar “As time goes by”, Eugenio, Sonia y yo, empezamos a gritar... ¡Casablanca, Casablanca! Mientras que Marisa, que no le salía el título, chillaba cual cerdo que se dirigiese al matadero. Creo que esa fue la pregunta más divertida de toda la partida. Y ganó Eugenio. Claro, preguntándole a qué raza pertenecen Arwen y Elrond, qué película de Chris Columbus del 2001 tenía como lema “Creerás en la magia”, o qué película completa la trilogía que iniciaron El silencio de los corderos y Hannibal... Ya le vale.

¡Segunda partida! Porque Eugenio nos ganó tan rápido que apenas pudimos saborear el juego. Más preguntas, más respuestas, más gritos, y una partida más ganada por Eugenio. ¡Castigado! Vuelves a empezar desde la casilla de salida para darnos a los demás una oportunidad de ganar. Y va Marisa y gana ella. ¡Qué frustración! Voy a tener que ir más al cine (¡Yupi! ¡Ya tengo una excusa!)

De modo que son más de las dos. ¿Nos vamos a dormir? ¿O sacamos el Risk del Señor de los anillos y que Eugenio nos enseñe? Es una mejor opción. De modo que mientras que Isa y yo situábamos nuestro ejércitos para enfrentarnos fuera del tablero, Eugenio le enseñaba a Sonia las reglas.

Empezamos a jugar, y a eso de las seis decidimos dejar de jugar. Contamos los territorios, y con 13 conquistados gano... ¡yo! Así que apartamos a Sonia de la cocina para que no se ponga a hacer tortitas a esas horas y nos vamos a dormir. No sin antes escuchar el grito de Isa desde mi habitación, mirando fijamente al póster que tengo sobre mi cama, y gritando “¡Qué frustración! ¡La única que no ha acertado lo de Casablanca, y la única que tiene que dormir bajo el póster de la película!”. Una vez en la cama, me pregunto.. ¿Cómo he llegado a acostarme a las 6:30 de la mañana? ¿Tan largo era el anuncio de Freixenett?

Bueno, sea como sea, consigo dormirme, justo después de poner el despertador a las dos de la tarde, por si acaso. Y de acuerdo que mi facultad de cinéfila se ha puesto en entredicho esta noche, pero... qué gran estratega soy.

miércoles, marzo 23, 2005

La máquina del tiempo

Episodios nacionales:
"Remitía ya la fiebre romántica; iba pasando la violencia de las pasiones, comúnmente fingida, pasando iban los audaces giros de expresión, las rebuscadas antítesis, el dilema terrible de amor o muerte, las casualidades fatalistas por las que el socorro de un afligido llegaba siempre tarde; pasaba también la humorada suicida y la monomanía de poblar de cipreses y sauces el campo de nuestra existencia. Don Juan Tenorio, que apareció en abril del 44, fue acogida como una obra tardía, que llegaba con tres años de retraso. Tres habían pasado desde la temprana muerte del gran Espronceda y creyérase que había transcurrido un cuarto de siglo."

Tengo unos post escritos desde hace un tiempo... así que retrocedamos hasta el día después de la noche de todos los santos...

...Todo comenzó con un boicot. Llegué al Corte Inglés e ldía de la salida del último libro de García Márquez y la dependienta me dijo que iba a tardar un día más en llegarles. Supongo que después de diez años sin una novela suya, no iba a importar un día más, pero yo lo tenía que tener en ese momento... como regalo de mi santo, quizás. Así que me fui a una librería muy mona que hay frente a la universidad, y me lo compré. ¡Viva el boicot!

Cuando lo leí unos días después... el mejor García Márquez está desde el primer párrafo. El planteamiento del libro es el de un hombre de 90 años que en la víspera de su cumpleaños decide deleitarse con una chica virgen. A partir de ahí, recuerda todas las mujeres que han pasado por su vida. Pero Delgadina, la chica virgen, acaba convirtiéndose en la única. La única capaz de salvarle de los 90 años que cumple. ¿Y cómo hace eso? Durmiendo. Así, sin más. Esa es la magia de García Márquez.

Y de ahí a la noche de todos los santos, cuando las ánimas regresan por una noche para vagar por la tierra. Bécquer sí que da miedo, y no el Halloween americano. ¿Qué es eso de Dulce o broma, cuando tenemos una noche tan tradicional española sin tener que pasar el Atlántico? Si va a tener razón el anuncio de Mahou cinco estrellas que ponen antes de los trailers en el cine, y vamos a tener que ver más cine español.

El caso es que esa noche es la noche de “Don Juan Tenorio”, la gran obra de Zorrilla, llena de amores contrariados y espíritus que regresan de la tumba cuando les invitas a cenar. Pero si hasta el protagonista presencia su propio entierro, ¿cómo pretenden los americanos competir con eso?

La obra estuvo genial, pero la compañía regular. Los actores algo malos, excepto la que interpretaba a Brígida. Doña Inés era demasiado monótona, y don Juan demasiado mayor, tanto que en vez de 30 que dice que tener al final de la obra, parece pasar los 45.
Pero me gusto el final, con los negros espíritus agarrando a don Juan para llevárselo al infierno... y el monólogo final de doña Inés... me dejó sin palabras, como siempre.

sábado, febrero 05, 2005

Miscelánea

Puede que a veces el Universo no siempre juegue limpio, pero al menos tiene sentido del humor.”

Hoy, varias cosas:

En primer lugar, una respuesta a Marisa, al comentario que me hizo al post titulado “La Eneida”:

Si es que con tanto dios, hijo de dios, ninfa, furia, animal mitológico, héroe, nieto de héroe, etc. al final lo que faltaban eran mortales normales y corrientes. Pero mola eso de acojonar al personal diciendo "cuidado conmigo, que soy descendiente de Vulcano".

Pero yo sigo pensando que las mujeres lo pasaban peor. Mira lo que tenían que hacer las pobres como muriese alguien cercano: rasgarse las vestidura, darse golpes violentos contra el pecho, tirase del pelo con furia, gritar lamentos lastimeros, jurar vengarse, y preguntar a Hades una y otra vez por qué no te han llevado a ti en vez de a esa persona. Y eso en el mejor de los casos, porque como fuese una persona realmente querida, tenías que suicidarte y todo, para demostrar tu dolor.

En segundo lugar: Y digo yo… ¿se han fijado en que en las cadenas televisivas han cogido la práctica habitual de poner cartelitos en pequeño sobre lo que van a dar esa tarde, esa noche, o el lunes siguiente? Mira que me fastidia eso, porque no se cortan en ponerlo en mitad de una película o de una serie. Que estás viendo Smallville tan campante, y de pronto, el cartelito “A partir del lunes: Smallville, nuevos capítulos”, que vale que tiene relación, pero es que te saca completamente de la serie. Además, siempre los meten en los momentos más interesantes. Que Lex está diciéndole a Clark eso de “Nuestra amistad hará historia”, y te sale el cartelito. Vamos, que no disfrutas del momento.

Y eso en el mejor de los casos, porque al menos, te anuncian algo que tiene relación con Smallville, pero ¿y cuando estás viendo una película cualquiera y te sale el cartelito “Martes por la noche: Las cerezas”, por poner un ejemplo. Y… ¿Qué pasa si estás grabando la película? Pues que dentro de dos años, cuando vuelvas a ver la película te saldrá eso de “Martes por la noche: Las cerezas”. Que manera de fastidiar a la audiencia.

En tercer lugar, otro comentario a Marisa, pudiendo ser extensible a Eugenio. Si no escribo más post, es porque no tengo tiempo. Ya le comenté a Eugenio, que por mí, si el día tuviese veinticinco horas, mejor que mejor, y ya que estamos, ocho días a la semana y treinta y dos por mes, así, a ojo de buen cubero.

Y por último, la promesa de un siguiente post, en cuanto pueda.

sábado, enero 29, 2005


Marisa Posted by Hello

lunes, enero 24, 2005

La Eneida

“¡Que no! Muere, que es justo, Dido triste.
Acabe tu dolor el hierro duro”

Aprovechando que estoy leyendo la Eneida, me gustaría hacer una divagación sobre la mitología.

En resumen… ¡Que bien se lo montaban en la Antigúedad! Me refiero a los dioses, claro, porque lo que son los humanos, no es que lo pasasen muy bien.

Y yo me pregunto… ¿qué hubiera pasado si no hubiéramos perdido nunca aquellas creencias ciegas en los dioses? ¿Sería el mundo, un mundo mejor? No lo tengo del todo claro.

Por un lado, estaría bien. Bueno, si los dioses rigieran todos y cada uno de nuestros actos, por un lado tendríamos una excusa para actuar de esta forma. Que hacemos algo mal “no, es que me lo mandó Mercurio”, que alguien pilla a su marido con otra “No, la culpa es de Venus, envió a su hijo Cupido para aturdir mis sentidos”; que quieres montar una guerra “No, es que Júpiter quiere que así sea”.

Pero por otro lado, sería un engorro. Eso de que los dioses se pasen el día enviándote a hacer cosas… como el pobre Eneas: Llega a Cartago, se enamora de Dido, asienta su pueblo, y cuando mejor le iban las cosas, llega Mercurio y le dice que no, que tiene que ir a Italia a fundar Roma. Pues ya son ganas de fastidiar. Además, nos pasaríamos el día haciendo sacrificios. Todo el día dale que te pego quemando becerros, ovejas y toros, y nada de pequeñines, no… todos tienen que ser los mejores de cada especie. Vamos, que te puedes arruinar haciendo sacrificios.

Y si no los haces, peor. Porque los dioses son bastante orgullosos. Como se te olvide hacer un sacrificio, o rezar tus oraciones al dios correspondiente antes de hacer la más mínima cosa, ya te puedes dar por muerto. Ya puedes estar rezando para que una Arpía no se cruce en tu camino. ¿Os imagináis cada mañana yendo a trabajar, y luchando contra centauros, hidras, y otros seres mitológicos? Porque claro, digo yo, que tendríamos que salir tres horas antes para llegar a tiempo.

Y todo este trabajo tiene que estar meticulosamente estudiado. Como te salgas un centímetro de los planes de algún dios, ya la has liado.

Pero como ya he dicho, lo bueno es que tienes excusa para hacer lo que te dé la gana. La guerra de Troya, por ejemplo. Que Menelao quiere invadir Troya, no le hace falta decir que Príamo tiene armas de destrucción masiva. Lo único que tiene que decir es que por una rivalidad entre tres diosas Venus ofreció a Paris a su esposa Helena, la mujer más bella del mundo, y que por eso está cabreado. La excusa les gustó lo suficiente como para estar luchando diez años.

Y es que hay algo que no me gustaría nada si la mitología aún tuviese vigencia. Las peor paradas son siempre las mujeres. Tres diosas son las responsables del juicio de Paris, una mujer es la culpable de la guerra de Troya, y siempre he dicho que la peor parada en toda esta historia es Penélope. ¿Qué no?

Un día te levantas, y tu querido marido Ulises va y te dice que tiene que irse a luchar para recuperar a la mujer más bella del mundo, que es esposa de otro griego, pero que se ve en la obligación de ir a guerrear para recuperarla. La chica ni se queja, y allí se queda en Ítaca, con su hijo pequeño a esperar a su marido. El tal Ulises se va a la guerra y allí se pasa diez años. Y, sinceramente, yo creo que se le ocurrió lo del caballo de Troya porque como tarde más en volver a casa, Penélope iba a empezar a mosquearse. Encima la pobre tiene que aguantar que su marido se dedique a cabrear a los dioses y le castiguen con no poder regresar a su casa así como así. ¿A quién se le ocurre ir por ahí cabreando a los dioses? Pero nada. Él para allá y para acá con su barco. Que si una isla, que si otra, que si un monstruo mitológico por aquí, que si hablo con otro dios por allá; total, que Ulises llega siete años después, y se encuentra con que la pobre Penélope ha tenido que criar a Telémaco ella sola, y dar hospitalidad a todos sus pretendientes durante todos estos años. Y por si fuera poco, tiene que hacer todo esto mientras tejía de día y destejía de noche.

(Aprovecho para decir a los interesados, que si alguien comparte mi punto de vista sobre lo desdichada que es Penélope, que lea “La tejedora de sueños”, una obra de teatro que me gustó mucho.)

Otra que lo pasa fatal es Dido. Esta también sufre lo suyo. Para empezar, su padre la ofrece en matrimonio, y, una vez casada, su hermano Pigmalión le mata. Ella huye, y funda Cartago. Una vez que se establece y cree que va a ser feliz para siempre, aparece Eneas. Su madre Venus, para que no traicione a su hijo, envía a Cupido para que Dido se enamore perdidamente de Eneas. Entre ella y Juno lían la cosa para que a Dido no le vaya tan bien el noviazgo, y un día Mercurio se presenta ante Eneas y le dice que su sino es ir a Italia (y dale la perra que les ha dado con Italia a todos).Así que el tío le dice que se larga. Otra buena excusa. Si alguien quiere dejar a su pareja, que le diga que se le ha aparecido el dios Mercurio, a ver si se lo traga. Si es que en la actualidad muchas de estas cosas no tendrían credibilidad. Entonces Dido se suicida. Pero eso no es todo, porque ¿va Eneas a dejarla que descanse en paz? Nooooooo…. Él tiene que ir al inframundo a ver su padre (otra de estas cosas que hacían en la mitología), y allí se encuentra con ella. Ella ha vuelto con su marido, y pasa de Eneas. Supongo que pensaría que con una oportunidad que le había dado para que la deje, era suficiente.

En resumen, que no le veo yo mucho futuro a la mitología en la época actual, pero si alguien quiere intentarlo, que me avise: tu pones los becerros, ovejas y toros, y yo el fuego y las oraciones.

PD: Que no se piense nadie no, que no me está gustando la Eneida. Me está gustando, y mucho, al contrario de lo que pensaban algunos que me decían que eso era un coñazo. ¡Pero si es muy entretenido! Y estoy aprendiendo mucho sobre los romanos.

sábado, enero 15, 2005

Sin noticias de Gurb

"17:00 Sin noticias de Gurb"

Lo admito, en este caso, Gurb soy yo. Sé que he estado mucho tiempo sin aparecer por aquí, y no, no me he disfrazado de Marta Sánchez y me he ido de juerga por la tierra como Gurb. Lo mío ha sido más dramático.

Todo comenzó con la forja de una casa en mi calle. Las fuerzas oscuras, rompieron los lazos telefónicos y tuve que llamar al mismisimo señor oscuro, Telefónica, para que arreglasen lo que habian hecho.

Así, la responsabilidad de recuperar internet cayó sobre una pequeña hobbit llamada Gurb... digo... Galaura...

Ella hizo todo lo posible para recuperar internet. Muchos fueron los enemigos y sus peligros, y pocos sus aliados. Tras llamar a Wanadgandalf y llevar el ordenador ante Aragorn, el señor que trató de arreglarlo, apenas consiguió nada. Pero lo que si que consiguió Aragorn, fue encontrar un virus provocado por un ataque de Nazgul. Y Aragorn utilizó ácelas, la hoja de reyes, con el ordenador, pero como por lo visto no queria enfrentarse a su destino, la usó mal, y de paso, borró la memoria del infectado. Digo yo, que Aragorn podría haberse enfrentado un poquito a su destino y no borrarme todo lo que tenía guardado, pero bueno, así es la leyenda.

Fue así cómo Galaura se esforzó al máximo por recobrar internet. Pero nada puede con el poder del señor oscuro. Una a una, las posibilidades de recuperación fueron derrotadas, hasta que al fin, una última alianza se enfrentó contra el señor oscuro por la libertad de la linea media. Fue entonces cuando Galaura, recurrió a la espada de su padre y derrotó al señor oscuro.


Apéndices:

La memoria del ordenador nunca fue recuperada. Galaura y su hermana Arawen siguen cabreadas, muy cabreadas, pero es el destino, y no puedes estar cabreado con tu destino.

Telefonica tuvo que enviar a un técnico que arreglase la linea, dándole así razón a Galaura, razón que ya le podía haber dado hace mes y medio, digo yo.

Internet fue recuperado, pero el retraso en los post es inevitable. Con un poco de paciencia, me recuperaré.