sábado, abril 23, 2005

Las cuatro después de media noche

En el desierto vi una criatura desnuda, bestial, que, acuclillada en el suelo, tenía su corazón entre las manos y comía de él

Últimamente he estado viendo algunas películas de terror, y han hecho que me pregunte lo siguiente: ¿Qué hace de una película de terror, ser una buena película de terror?

Según unos matemáticos, que no tenían otra cosa mejor que hacer, y se dedicaron a crear una fórmula matemática para determinar cuándo una película de terror es buena, y cuando no (y acabaron determinando que la mejor película de terror de la historia del cine era El resplandor); había múltiples factores como la iluminación (o la falta de ésta), el número reducido de personajes o los lugares aislados; para hacer el buen terror. Pero había algo que no me terminaba de gustar del todo en esta fórmula. Estos señores, científicos para más señas, decían que una película de terror daba más terror, cuanto más creíble fuese el tema. Esto no me convenció del todo. Y haciendo recuento, me pregunté a mí misma: ¿Sé lo que hicisteis el último verano da más miedo que El exorcista porque el tema es más creíble? Que cada cual responda lo que quiera.

Pero todo esto me ha hecho reflexionar, y escribir este post que tratará de dar doce sencillos pasos para saber qué hace que una película de terror dé miedo.


Episodio I: “¿Cuál es tú película de terror favorita?”

Desde que era pequeña, y veía películas de terror con mi abuela fingiendo que no me daban miedo para poder seguir viéndolas la semana siguiente, he clasificado las películas de terror, por temas. A saber: asesinos, monstruos, sucesos paranormales y sucesos sobrenaturales. Dentro de las de asesinos, no tenía duda que mi favorito era Freddy Krueguer. Ya no hacen asesinos como dios manda. Antes teníamos a Freddy, a Jason, asesinos que no dudaban en matar a sus víctimas sin meter la pata, ni dar sermones sobre los motivos que les llevan a matar. Como te durmieses y Freddy apareciese en tus sueños, sabías que ibas a morir sin remedio; como te encontrases con Jason, sabías que ibas a morir sin poder evitarlo. Los asesinos de ahora no tienen ese punto psicópata. Más parece que matan por llamar la atención. Veamos la saga de Scream, por ejemplo, que puso de moda el género a mediados de los 90. El asesino de la primera parte, está bien, te engaña, y casi logra que te creas que es capaz de matar a Sidney. Pero no es lo suficientemente psicópata. De la segunda parte, mejor ni hablo. Y de la tercera, es el mejor de la saga. Le mete una paliza a Sidney, y parece que de verdad vaya a matarla, incluso tratan de meter el tema del asesino sobrehumano. Pero nada comparado con los de antes. Esos sí que tienen la vena psicótica. Ayer, sin ir más lejos, vi El cabo del miedo. Robert de Niro hace de un buen asesino. Es psicópata, no tiene escrúpulos, y tiene ese toque de sobrenatural, lo que hace que sea un asesino casi invencible, lo que hace que realmente temamos por la vida de los protagonistas. Pero los asesinos de ahora...


Episodio II: “La sangre es vida”

Dentro de la categoría de monstruos (que he llamado así por ponerle un nombre), están todos los seres que pueblan la imaginación de todo niño: vampiros, hombres lobo, zombies... He de decir que mi favorito siempre ha sido Drácula (como el de casi todo el mundo). Un ser que se alimenta de la vida de los demás, además de terrorífico, es bastante trágico, porque vamos a ver: Si él se alimenta, yo muero; pero muero porque es su naturaleza, él no puede evitarlo, si no se alimenta, muere él... o no, porque en la mayoría de estos casos, el malo es sobrenatural, invencible, terrorífico. Cuanto más fuerte sea el malo, más terror nos causa. Si a un vampiro sólo puedes matarle con una estaca en el corazón, ajo, un crucifijo o la luz del sol, vamos mal. Lo de la luz del sol no es viable, porque estos seres no son lo suficientemente estúpidos como para dejarse engañar y dejarse conducir hacia la luz. Lo del ajo y el crucifijo está bien, pero en el mejor de los casos, el daño es menor, así que no conseguimos nada. De modo que la única forma de acabar con el vampiro es con la estaca en el corazón. A ver quién se atreve a acercarse a un ser tan poderoso con sólo una estaca de madera. Es casi de suicidas. Además, siempre salen de noche, cuando nuestros mayores terrores se hacen realidad... ¡qué miedo! Pero últimamente, las películas de vampiros dejan mucho que desear. No creo recordar haber visto ninguna que me haya gustado. Hace poco vi Blade, y está bien, pero como digo en mi post sobre los malos, en cuanto son protagonistas dejan de molar, y de dar miedo. Además, muchos efectos especiales, pero nada de terror. ¿Qué hay de la oscuridad en casi toda la película? ¿De la chica indefensa por quien temer? Ya no hay nada de eso, así que las películas pierden su gracia.

Sobre hombres lobo y zombies... Los hombres lobo, apenas me han dado nunca miedo. Los zombies, sí, pero depende de cómo sean. Por ejemplo: los zombies de Resident Evil están bien, pero se mueven demasiado lentos (los perros sí que dan miedo). En cambio, los zombies de 28 días después, sí me dieron miedo, porque se movían deprisa. Así haces que temas por los protagonistas, que te metas en la situación.


Episodio III: “Bonito día para un exorcismo

Las películas de temas paranormales, son las que normalmente dan más miedo. No sé por qué esas personas (sí, los científicos matemáticos que no tienen nada más productivo que hacer que ver películas de terror), dicen que estos temas son poco creíbles. Lo que tienen que hacer estas películas es hacer que te metas en ellas, que te creas la historia dentro de la historia, y no si la historia puede suceder fuera de la historia. Además, ¿quiénes son estos científicos para decir que lo que pase en estas películas es poco creíble? Poco probable, lo acepto, pero poco creíble, no. El exorcista, Poltergeist, hacen que pases miedo durante y después de la película. Haces que temas por las niñas protagonistas, y hacen que eches un vistazo a tus espaldas de vez en cuando. ¿Por qué el terror oriental está teniendo tanto éxito últimamente? Pues porque recuperan estos temas, y porque en parte, lo hacen bien. Estoy segura de que cualquier par de frases de El exorcista puestas aquí, a voz de pronto; da más miedo que ver una película completa de las que están ahora mismo en la cartelera.


Episodio IV: “Hay un hombre en mi ventana, ¿me das un vaso de agua?”

Dentro de este tema de los sucesos sobrenaturales, están sobre todo las películas de extraterrestres, cuya presencia es menor en el género. La verdad es que sólo se me ocurre una película de terror sobre alienígenas que me haya gustado, y esta es Señales. Tengo que decir que una de las escenas que más me gustó, es al final, cuando están en el sótano, y la cámara cae al suelo. ¡Terror por defecto de imagen! Eso sí que mola. Que dé terror lo que no se ve en la pantalla.


Episodio V: “Si esto es una leyenda, ¿dónde está la sorpresa final?”

Las películas de ahora se suelen basar en una cosa: la sorpresa final. Supongo que guionistas y directores se han puesto de acuerdo para pensar que sin suspense para saber quién es el asesino, o sorpresa final que te ponga del revés las casi dos horas de película, no hay buen terror. Pues, ¿les digo una cosa, señores guionistas y directores? Se equivocan. Estoy de acuerdo en que hay buenas películas de terror con sorpresa final, pero no es algo imprescindible. El gabinete del doctor Caligari, es un ejemplo de buena película con sorpresa final. Pero, por poner un ejemplo de la misma época, Nosferatu es otro ejemplo de buena película sin sorpresa final. Muchas grandes películas de terror de las buenas pueden tener sorpresa final, como Psicosis; pero no se basan únicamente en eso, y ahí reside su grandeza. Por seguir hablando de Psicosis, de acuerdo, la sorpresa final es buena, pero también lo es el ambiente del motel, el personaje de Norman Bates, incluso la figura de su madre, que sin salir apenas, da terror.


Episodio VI: “Todos nos volvemos locos de vez en cuando

Las paranoias personales es algo que da mucho terror, y es algo que no suelen utilizar últimamente en las películas. Si un personaje tiene una fobia, una manía, o sospechas de que pueda ocurrir algo, aunque acabe no ocurriendo, el espectador siente el mismo miedo que el personaje. Hace poco vi también Luz que agoniza. La protagonista escucha ruidos en el piso de arriba, y la luz de gas disminuye... acabé emparanoiándome yo también sobre los ruidos y sobre la luz. Ese ambiente de restricción, ese miedo de la protagonista, son contagiosos; y las películas de hoy en día no explotan ese recurso. Corregidme si me equivoco, pero no recuerdo ninguna película que haga algo así bien, desde hace años.


Episodio VII: “Mi novio acaba de morir, ¿por qué iba a ducharme?”

Porque no hay película con escena de ducha que no sea buena. Y si bien la simple idea de la ducha, en principio no inspira mucho terror, los datos hablan por sí mismos. Supongo que la ducha es uno de esos sitios donde estamos solos con nosotros mismos, y empezamos a pensar, y a pensar... y a sentir miedo, al fin y al cabo. Supongo que un director capaz de meter una buena escena de ducha, no puede ser tan malo como para fastidiarlo el resto de la película. Y si a alguien no le convence este argumento, le recuerdo la película antes citada, Psicosis, que tiene su escena de ducha.


Episodio VIII: “La carne es débil, Johnny, sólo el alma es inmortal. Y la tuya me pertenece

Y así es. Cuanto más débil sea el/la protagonista, y más fuerte sea el/la antagonista, más miedo se pasa. Como he dicho antes, con lo de los vampiros, un malo que sea sobrenatural, que haya muy pocas posibilidades de acabar con él, cuanto más fuerte sea, más terror inspira. El resplandor, por ejemplo. Jack Torrance, un hombre exalcohólico interpretado por Jack Nicholson, con todo un hotel fantasma de su lado, y un palo de roqué... (perdón, ha sido un lapsus) un hacha; se enfrenta a un niño con un amigo invisible que ha decidido no dirigirle la palabra mientras estén en dicho hotel; y a su madre, una mujer indefensa con la voz de Verónica Forqué. El resultado... te pasas toda la película rezando por el pobre Danny, para que el hombre del hacha no le rompa su frágil cabecita. En El exorcista, el mismísimo Satanás tiene poseído el cuerpo de una niña de diez años que trata de pedir desesperadamente ayuda a su madre divorciada. En La semilla del diablo (dejo constancia de que no he leído la película, sólo he leído el libro... esas cosas que hacemos los filólogos), una mujer es vendida al diablo por su marido para que tenga un hijo con ella, y por si fuera poco, la mujer, ya embarazada, tiene que enfrentarse con sus vecinos. En Misery, un escritor que apenas puede moverse es secuestrado por una mujer que es capaz de cortarle una pierna de un golpe. Son las películas en las que la situación sobrepasa a los protagonistas las que más miedo dan.


Episodio IX: “Fijaos que sorpresa, alguien ha cortado el teléfono

Otro requisito casi imprescindible es que los personajes en peligro estén aislados. Pero últimamente no buscan buenos motivos para aislar a la gente. Se conforman con que los personajes pasen toda la película en una casa cualquiera. A ver, en El resplandor, es la excusa de un trabajo para aislar a los tres protagonistas durante todo el invierno; en Psicosis, es un motel apartado, pero en principio iba a ser una sola noche; en El exorcista sí que es una casa cualquiera, o mejor dicho, una habitación cualquiera, pero la excusa es buena: ¡El diablo tiene secuestrada a Regan! Recuerdo que en Posesión infernal también estaban en una casa, pero como el bosque estaba en su contra, era peor: árboles que cobraban vida, puentes que caían...


Episodio X: “Ve hacia la luz, Carol Anne

O hacia la falta de luz. Cuanta más oscuridad haya en una película mejor. Hay que inventarse lo que sea para que haya oscuridad: una tormenta en mitad del bosque, un apagón en una casa encantada, la bombilla del desván se funde, las pilas de la linterna se apagan en el momento crítico... O como en El silencio de los cordero, cuando Clarice está completamente a oscuras, y el asesino la observa con gafas de visión nocturna... Esa escena sí que da miedo. Si insinúas que hay algo, y quitas luz de la pantalla, el espectador empezará a ponerse nervioso... ¡la sala está oscura!


Episodio XI: “Y la gente dice: si esto lo viera en una película, no me lo creería

Ya he dicho que el que una historia sea creíble en el mundo real, no es argumento suficiente como para descatalogar una película de terror, pero tampoco hay que hacer una historia demasiado fantástica como para que el espectador se la tome a risa. El truco está en hacer que algo increíble se convierta en creíble. Que el espectador no se olvide de la película al salir de la sala porque eso nunca le podría pasar a él. Cuando una película de terror es realmente buena, por la noche, en la oscuridad, se recuerda. Es inevitable. Hay que hacer que el espectador se plantee: “Y si...”


Episodio XII: “¿Se han callado ya sus corderos, Clarice?”

En definitiva, para que una película de terror sea buena, hay que haber visto muchas películas de terror antes, y tener ganas de hacer una buena película, y no sólo una película taquillera. Actualmente puedo ir a cualquier cine, y habrá un mínimo de dos películas en cartel que sean de terror. Pero ninguna que me haga tener pesadillas.



Por mi parte no me queda nada más que decir, excepto que seguiré esperando y viendo viejos clásicos.

martes, marzo 29, 2005

Las flores del mal

¡El diablo es quien juega con los hilos que nos mueven!
Encontramos la belleza en lo más repugnante
Y, cada día, a través de las tinieblas pestilentes
Avanzamos perdidos un paso hacia el infierno.

El mal está presente en nuestras vidas, y aparentemente, solemos alejarnos de él. Al ver una película o leer un libro, solemos estar de parte del protagonista, que suele ser el bueno, pero la realidad es que es el mal el que más nos atrae. Si no... ¿Por qué nos atraen tanto los malos?

Me basaré en varias pruebas. Si alguien dice “El silencio de los corderos”, pensamos automáticamente en Hannibal Lecter, encerrado en su celda con su máscara puesta. De hecho, las siguientes partes han sido una en la que él es el protagonista, y otra cuyo mayor atractivo consistía en descubrir cómo consiguieron encerrarle en la cárcel. Puede que la protagonista sea Clarice Starling, pero como mola Hannibal. Ahora me referiré a la serie V. ¿A que han pensado en Diana comiéndose un ratón? Está claro. Los malos son los mejores.

Y hay actores que saben muy bien eso. Kevin Spacey en Seven. Es el mejor. Nunca olvidaré la escena en la que se presenta en comisaría y enseña sus manos sin huellas dactilares. Un actor que suele hacer de malo: Alan Rickman. Según me han dicho, a él le gusta hacer teatro, y sólo hace cine por divertirse. ¿Y qué mejor diversión que la de hacer de malo? Porque vea donde lo vea, es el malo: La jungla de cristal, Robin Hood, e incluso en Love Actually hace un personaje negativo, aunque no hace de personaje tan negativo en Dogma (aunque ser la voz de Dios, tampoco es muy normal), ni en Sentido y Sensibilidad. Pero me encanta haciendo de malo en Harry Potter. Es lo mejor de la primera película... esa primera entrada que hace en clase, que da miedo... “No permitiré ni vanos encantamientos, ni aireo de varitas mágicas en mi clase”. ¡Me encanta Snape! Y la verdad es que Alan Rickman lo clava. En la segunda parte, comparte el puesto a “lo mejor de Harry Potter” con Kenneth Branagh. Otro que también hace de malo en esta parte... bueno, si no de malo en el sentido más estricto de la palabra, sí en un sentido figurado. Después de todo, cuando se descubre su secreto, no es muy bueno que digamos.

Y en la tercera parte, Alan Rickman comparte puesto con Gary Olman. Otro que sabe lo buenos que son los malos. Este hombre suele hacer de malo, y qué bien lo hace. Aquí es Sirius Black, un expresidiario fugado capaz de matar a quien se cruce en su camino. Pero en Drácula... como mola haciendo de Drácula. Es el mejor. La verdad es que no recuerdo ninguna película en la que salga él que no haga de malo: Air force one, El quinto elemento... Y ustedes me dirán: en La letra escarlata no hace de malo. Bueno, depende de cómo se mire. (Sonia, no sigas leyendo, o te chafo la peli) Si lo miramos desde el lado de un predicador que tiene relaciones con una mujer, y que por culpa de esas relaciones a ella le ponen la letra escarlata de infiel, y hasta la tachan de bruja... bueno, lo que se dice bueno, no es que sea. Pero ahora que caigo, sí que hay una película en la que no hace de malo. Se trata de Interestatal 60, una película que vi por casualidad en una de mis excursiones por Murcia. En esta hace de una especie de genio que cumple deseos. Aparentemente, no es muy malo... pero sí bastante cabrón. ¿Habéis oído eso de “cuidado con lo que deseas”? Pues este genio lo lleva a rajatabla.

Con el siguiente actor que mencionaré, se produce un fenómeno muy curioso, y es que lo vea en la película que lo vea, siempre me parece que es el malo. Se trata de Jack Nicholson, y aunque salga en una comedia romántica, me parece que es el asesino. ¿No tienen ustedes esa impresión? No sé si es por algún trauma relacionado con El resplandor, o porque de verdad tiene cara de malo. Aunque mirando sus películas, le pasa lo que a Gary Oldman, que o hace de malo, o de loco: El resplandor, Alguien voló sobre el nido del cuco, Mars Atack, Algunos hombres buenos, Batman, e incluso Mejor imposible.

Con este elenco de actores, parece que los mejores papeles son los de malos. Y es verdad. Los personajes malos tienen un no sé qué que nos atraen. Pero para que un malo funcione como tal, hay una característica imprescindible: que sea secundario. El protagonista tiene que ser bueno, y el antagonista, el malo. En caso de que el protagonista sea el malo, se convierte en bueno. ¿Por qué? Pues porque nos sentimos identificados con el protagonista, y no nos podemos sentir identificados con alguien de moral dudosa. Hagan la prueba. Si vemos una película de policías, los policías son los buenos; y si vemos una película de ladrones, los ladrones son los buenos. Es como en Kill Bill: Uma Thurman, ¿es la buena o la mala? Porque aparentemente es la buena, pero cumple todos los requisitos para ser la mala. Es una asesina, no tiene escrúpulos salvo con la hija de Vernita Green, y actúa por venganza. ¿O los malos son los demás? Bueno, de acuerdo que ellos mataron a todos en la boda, pero actúaban por órdenes de Bill, y no hacían nada que ella no hubiera hecho también. De modo que se supondría que el malo es Bill, pero él sólo actúa por venganza, igual que ella, cuando se entera de por qué le dejó ella. Así que sea quien sea el malo en esta película, a mí me encantan todos.

Sólo se me ocurren dos película en las que el malo es el protagonista y conserva su halo de maldad intacto: El talento de Mr. Ripley, aunque viendo la película puede decirse que vale, que Ripley es malo, pero porque la vida lo ha hecho así. La verdad es que la moral de Dickie Greanleaf no es muy buena, y podemos pensar que es él quien empuja a Ripley a ser malo. Pero no lo creo. Ya antes de conocer a Dickie da un nombre falso. Creo que este personaje tiene la maldad corriendo por sus venas, y por eso me gusta tanto. Además, Matt Damon lo borda. Tanto que pensé que no me iba a gustar John Malkovich como Ripley porque iba a estar pensando en Matt Damon haciendo el papel, pero cuando vi El juego de Ripley, tuve que plantearme el dilema de cual de los dos hace mejor ese papel. No pude elegir a uno. John Malkovich es otro de lo que puede hacer un personaje de moral más que dudosa y ser creíble. He leído que es muy posible que interprete a Voldemort en Harry Potter, y espero que así sea. Porque hay que ser muy buen actor para hacer de malo. Claro que todo el mérito no es de los actores. Un buen personaje malo, es lo mejor.

Ya he dicho que para que un malo sea bueno, tiene que ser secundario: En el silencio de los corderos, Hannibal funciona porque es secundario. En la segunda parte, han querido darle un papel más principal, y la película es un desastre. Independientemente de que la película sea mala o no, Hannibal no es del todo creíble. En cambio, Gary Oldman (que por si alguien no lo ha reconocido, es el hombre desfigurado que quiere vengarse de Hannibal), sí resulta mejor como malo en esa película. Hannibal, al tener un papel más principal, se convierte casi en bueno, así que no funciona. En El dragón rojo, vuelve a funcionar Hannibal Lecter, vuelve a tener un papel más secundario, y el personaje del dragón rojo, interpretado por Ralph Fiennes, también funciona. Me encanta este como malo: no tiene moral ninguna, y tiene ese punto de psicópata que hacen de un malo, un buen malo.

Es la característica que tienen que tener los malos de las películas de terror. Todas las buenas películas de terror tienen un psicópata: Freddy Krueguer en Pesadilla en Elm Street, Jack Torrance en El Resplandor, Norman Bates en Psicosis, incluso Regan tiene ese punto psicópata cuando está poseída por el demonio.

Como me dijo uno de mis profesores hace tiempo: para que una historia funcione, tiene que tener dos característica: un bueno, muy bueno y muy indefenso; y un malo, muy malo y muy poderoso. Y como dice un dicho conocido: Los niños buenos van al cielo, y los malos donde quieren.

No sé ustedes, pero yo prefiero a un buen malo antes que a los buenos. En Smallville, por ejemplo. Mi personaje favorito es Lex Luthor, y sobre todo al final de esta tercera temporada, donde ya se está viendo que realmente puede llegar a ser muy malo. Hasta ahora ese papel lo estaba cumpliendo su padre, Lionel, que también me encantaba. Pero Lex, es Lex, y teniendo en cuenta su futuro, no puede dejar de ser mi favorito.

En otra serie, esta vez de dibujos, aparecen malos, muy malos. Me refiero, claro está, a las Supernenas. Los malos de esta serie son geniales, desde Mojo Jojo, hasta “un malo tan malo que sólo decir su nombre, causa terror en quien lo dice, y por eso le llamamos simplemente “Ese”. ¿Cómo no me va a gustar un personaje cuya presentación es esta? Y siguiendo con las historias infantiles, veré ahora dos de mis malos favoritos. En primer lugar Jafar, el malo de Aladdin. Cómo mola este personaje. Es mi favorito en la historia. De hecho, cuando fui a Disneyland, y lo vi, salí corriendo para hacerme una fotografía con él, y él, haciendo honor a su maldad, me tapó la cara para la foto. A quien también vi, y por quien también corrí a hacerme una foto fue a James Garfio, el antagonista de Peter Pan. Este sí que mola, sobre todo en la penúltima adaptación que hicieron, donde lo interpreta Jason Isaac (que también hace de Lucius Malfoy en Harry Potter). Este es uno de mis malo favoritos. Igual que Peter Pan, pero en el lado malvado. Son como Jeckyll y Hide, pero uno de niño, y otro de adulto. No sé por qué, pero siempre he tenido la impresión de que Garfio tampoco quiere crecer. De hecho es pirata, y no es capaz de alejarse mucho de Nunca Jamás. Creo que los malos siempre tienen una relación muy estrecha con los buenos, y no pueden vivir sin ellos. Su maldad radica en la contraposición con los buenos, y si los buenos no existieran, ellos no serían malos. Estoy segura de que si alguno de estos malos tuviera la oportunidad de acabar con el personaje bueno, no lo harían. Como en el capítulo de los Simpsons en el que Bob tiene la oportunidad de acabar con Bart y lo deja vivir porque dice que se ha acostumbrado a él, y cuando salía por la ventana le dijo aquello de "Volveremos a encontrarnos, Bart".

Y pasemos a las películas basadas en comics. No sé cual será vuestro personaje favorito de X-Men, pero el mío es Magneto, aunque no sé si por el personaje en sí, o porque lo interpreta Ian McKellen. La verdad es que en los comics que he leído sobre X-men no aparece mucho, así que no puedo comparar. En Constantine, que vi hace poco, ya he mencionado en el blog de Eugenio que me encantó Satanás. En Elektra, me gustaron mucho los malos que salían, y así en casi todas.

En la saga de Scream, por ejemplo. Los malos de la primera parte son geniales. Logran engañar. Los de la segunda, no tanto. No tienen sustancia, no tienen motivación, no son creíbles. Pero el de la tercera parte... ese sí que parecía que iba a matar de verdad a Sidney. Es como en El Resplandor. Si ves a Jack Nicholson, parece que de verdad quiere matar a Danny, pero en la miniserie, a quien pusieron de Jack Torrance, parecía incapaz de matar una mosca.

Todo esto se incrementa cuando el malo, es un niño. ¿Qué me dicen si les nombro a Regan del exorcista, a Damien de La profecía, y más actualmente a Samara de la señal, o a Toshio de la maldición? Supongo que dan más miedo por la inocencia que se supone que tienen que tener los niños, y que estos no tienen. El caso es que funcionan como malos.

En definitiva, lo que me gusta (y supongo que a ustedes también), es lo que decía mi profesor: “un malo, muy malo, y muy poderoso”, a lo que añadiría “que no tenga ningún tipo de escrúpulo, que tenga un punto psicópata, y que sea interpretado por uno de los actores citados con anterioridad en caso de querer hacer la adaptación al cine.”

viernes, marzo 25, 2005

La máquina del tiempo III

La tienda:
“Cosas necesarias
un nuevo tipo de tienda
¡no darán crédito a sus ojos!”

Y una tercera vez, retrocedamos en el tiempo...

...¿Alguna vez se han parado a reflexionar por qué nos atraen tanto las cosas “gratuitas? ¿Los descuentos en lo que compramos? ¿Y qué me dicen de esos regalos que nos hacen las revistas? Es una droga.

Hagan la prueba. Vayan al quiosco más cercano, y traten de no comprar algo en lo que ponga “* de regalo”. Da igual lo que sea, o si nos hace falta, porque en cuando lo vemos, nos atrae como si estuviera escrito en luces de neon, y nuestra salvación dependiera de poseer o no ese regalo.

Hoy he ido a comprarme el Cinemanía. Más que nada, porque aparece Angelina Jolie en la portada con el parche negro, y anuncian un reportaje de “Sky Captain and the world of tomorrow” en el interior. Y al ver lo que la revista llevaba de regalo, he podido resistirme aún menos... ¡Una cinta para el móvil “de regalo”! Al verla, Sonia me ha pedido que se la dé, pero... ¿Qué se ha creído? Es MI regalo. Búscate tú otra revista. Puede que ya tenga una de esas cintas de las Supernenas, pero oye, esta es “de regalo”.
Y es que Cinemanía sabe montárselo. En septiembre me convencieron de que comprase la revista porque llevaba unas gafas de Garfield con funda y todo “de regalo”. ¡Yo las quiero! ¡Las necesito! ¡Aunque tenga que regalárselas a Gastoff porque son tan pequeñas que no me valen! Y María quería quitármelas... ¡Es MI regalo! ¡Gastoff las necesita!

Claro que con María es con la que más discuto por estas cuestiones. Allá por mayo, salió en la Opinión, o La verdad, la colección de posters de Harry Potter y el prisionero de Azkaban “de regalo”. Ni que decir tiene que me compré el periódico durante cinco jueves consecutivos para conseguir los posters. ¿Qué el de esta semana no me gusta? ¡Da igual! ¡Es de regalo!

¿Y qué pasa con la alegría que me llevo cuando recibo las cartas de Yves Rocher? Al compara cualquier cosa, te regalan collares, monederos, peluches, muestras de perfumes... ¡Y todo “de regalo”! ¿Qué la bufanda que regalan este mes me produce sarpullido? ¡Da igual! ¡Es “de regalo”! Que se lo digan a Susana, que se compró una revista porque llevaba un paraguas “de regalo” que tuvo que tirar tres semanas después porque ya no servía, pero... ¡era “ de regalo”!

Pero para regalos gordos, los que se reciben por correo. Cuando recibo una de esas cartas en las que ponen “Querida señora Pérez, ha resultado usted ganadora”... es que se me ilumina la mirada de una forma... ¡Que emocionante! ¿Qué me habrá tocado esta vez? Un coche, videocámaras, un millón de euros, un viaje a Egipto, el anillo de la reina Noor... Claro que para ganar eso tienes que realizar un pedido, pero... ¿Qué más da? ¡Es “de regalo”! Que me dan ganas de contestarles:

“Queridos amigos de Galería del coleccionista. Me gustaría que me mandasen el ajedrez con piezas talladas en marfil al estilo Luis XVI, a pagar en cómodos plazos mensuales durante los próximos veintitrés años. Pagaré lo que sea, pero por favor, mándenme algo “de regalo”... lo que sea... me conformo con los alfiles”.

Si es que los grupos políticos no saben montárselo. Si yo me presentase a la presidencia, mi eslogan sería: “Si me votas, te enviaré a casa un pin “de regalo”. ¿Alguien podría resistirse?

jueves, marzo 24, 2005

La máquina del tiempo II

Noche de guerra en el museo del Prado:
“Dulce, tierno y bravo a la vez al por tanto tiempo golpeado indio nicaragüense, en su bello idioma con deje de remota antigüedad precolombina, por aquellos caminos encendidos a la noche de cocuyos, engarzadas luciérnagas, a veces como ajorcas en sus tobillos para iluminarse la tierra que van pisando.”

Volvemos a retroceder unos meses...

...Hay veces en las que te lías y sin saber cómo, acabas acostándote a las seis de la mañana. Anoche, por ejemplo. Estábamos en el salón Eugenio, Sonia, Marisa y yo, pensando qué íbamos a cenar. Durante la preparación, hicimos planes para esa noche. Ver Kill Bill vol. 2, y quizás, jugar a Scene it, un juego nuevo muy divertido sobre cine, con DVD incluido.

De modo que preparo el DVD de Kill Bill y me detuvieron. ¡A las 11 iban a dar el nuevo anuncio de Freixenett! ¿Cómo oso? ¡Hay que ver ese anuncio todos los años! (y cualquiera convencía de lo contrario a Marisa). Así que cenamos y vimos el dichoso anuncio, este año con... ¡Pierce Brosnan! ¿Qué puedo decir del anuncio? Algo soso, y el tío este con cara de James Bond. He de decir que nadie, excepto Sean Connery, será nunca James Bond. Echando de menos más burbujitas, empezamos a ver la peli. ¡Como mola Uma Thurman con katana! ¿Y qué decir de ese Pai Mei? Reto a un duelo al amacecer en una playa privada a cualquiera que diga que esta película es mala.

Así que acabamos a eso de la una (incluyendo el visionado de una escena eliminada en la que David Carradine se carga a unos tíos), y empezamos a jugar al Scene it. Las preguntas más divertidas eran las que se dirigían a los cuatro y ganaba el primero que respondiese. Así cuando nos preguntaron a qué película pertenecía la siguiente melodía, y empezó a sonar “As time goes by”, Eugenio, Sonia y yo, empezamos a gritar... ¡Casablanca, Casablanca! Mientras que Marisa, que no le salía el título, chillaba cual cerdo que se dirigiese al matadero. Creo que esa fue la pregunta más divertida de toda la partida. Y ganó Eugenio. Claro, preguntándole a qué raza pertenecen Arwen y Elrond, qué película de Chris Columbus del 2001 tenía como lema “Creerás en la magia”, o qué película completa la trilogía que iniciaron El silencio de los corderos y Hannibal... Ya le vale.

¡Segunda partida! Porque Eugenio nos ganó tan rápido que apenas pudimos saborear el juego. Más preguntas, más respuestas, más gritos, y una partida más ganada por Eugenio. ¡Castigado! Vuelves a empezar desde la casilla de salida para darnos a los demás una oportunidad de ganar. Y va Marisa y gana ella. ¡Qué frustración! Voy a tener que ir más al cine (¡Yupi! ¡Ya tengo una excusa!)

De modo que son más de las dos. ¿Nos vamos a dormir? ¿O sacamos el Risk del Señor de los anillos y que Eugenio nos enseñe? Es una mejor opción. De modo que mientras que Isa y yo situábamos nuestro ejércitos para enfrentarnos fuera del tablero, Eugenio le enseñaba a Sonia las reglas.

Empezamos a jugar, y a eso de las seis decidimos dejar de jugar. Contamos los territorios, y con 13 conquistados gano... ¡yo! Así que apartamos a Sonia de la cocina para que no se ponga a hacer tortitas a esas horas y nos vamos a dormir. No sin antes escuchar el grito de Isa desde mi habitación, mirando fijamente al póster que tengo sobre mi cama, y gritando “¡Qué frustración! ¡La única que no ha acertado lo de Casablanca, y la única que tiene que dormir bajo el póster de la película!”. Una vez en la cama, me pregunto.. ¿Cómo he llegado a acostarme a las 6:30 de la mañana? ¿Tan largo era el anuncio de Freixenett?

Bueno, sea como sea, consigo dormirme, justo después de poner el despertador a las dos de la tarde, por si acaso. Y de acuerdo que mi facultad de cinéfila se ha puesto en entredicho esta noche, pero... qué gran estratega soy.

miércoles, marzo 23, 2005

La máquina del tiempo

Episodios nacionales:
"Remitía ya la fiebre romántica; iba pasando la violencia de las pasiones, comúnmente fingida, pasando iban los audaces giros de expresión, las rebuscadas antítesis, el dilema terrible de amor o muerte, las casualidades fatalistas por las que el socorro de un afligido llegaba siempre tarde; pasaba también la humorada suicida y la monomanía de poblar de cipreses y sauces el campo de nuestra existencia. Don Juan Tenorio, que apareció en abril del 44, fue acogida como una obra tardía, que llegaba con tres años de retraso. Tres habían pasado desde la temprana muerte del gran Espronceda y creyérase que había transcurrido un cuarto de siglo."

Tengo unos post escritos desde hace un tiempo... así que retrocedamos hasta el día después de la noche de todos los santos...

...Todo comenzó con un boicot. Llegué al Corte Inglés e ldía de la salida del último libro de García Márquez y la dependienta me dijo que iba a tardar un día más en llegarles. Supongo que después de diez años sin una novela suya, no iba a importar un día más, pero yo lo tenía que tener en ese momento... como regalo de mi santo, quizás. Así que me fui a una librería muy mona que hay frente a la universidad, y me lo compré. ¡Viva el boicot!

Cuando lo leí unos días después... el mejor García Márquez está desde el primer párrafo. El planteamiento del libro es el de un hombre de 90 años que en la víspera de su cumpleaños decide deleitarse con una chica virgen. A partir de ahí, recuerda todas las mujeres que han pasado por su vida. Pero Delgadina, la chica virgen, acaba convirtiéndose en la única. La única capaz de salvarle de los 90 años que cumple. ¿Y cómo hace eso? Durmiendo. Así, sin más. Esa es la magia de García Márquez.

Y de ahí a la noche de todos los santos, cuando las ánimas regresan por una noche para vagar por la tierra. Bécquer sí que da miedo, y no el Halloween americano. ¿Qué es eso de Dulce o broma, cuando tenemos una noche tan tradicional española sin tener que pasar el Atlántico? Si va a tener razón el anuncio de Mahou cinco estrellas que ponen antes de los trailers en el cine, y vamos a tener que ver más cine español.

El caso es que esa noche es la noche de “Don Juan Tenorio”, la gran obra de Zorrilla, llena de amores contrariados y espíritus que regresan de la tumba cuando les invitas a cenar. Pero si hasta el protagonista presencia su propio entierro, ¿cómo pretenden los americanos competir con eso?

La obra estuvo genial, pero la compañía regular. Los actores algo malos, excepto la que interpretaba a Brígida. Doña Inés era demasiado monótona, y don Juan demasiado mayor, tanto que en vez de 30 que dice que tener al final de la obra, parece pasar los 45.
Pero me gusto el final, con los negros espíritus agarrando a don Juan para llevárselo al infierno... y el monólogo final de doña Inés... me dejó sin palabras, como siempre.

sábado, febrero 05, 2005

Miscelánea

Puede que a veces el Universo no siempre juegue limpio, pero al menos tiene sentido del humor.”

Hoy, varias cosas:

En primer lugar, una respuesta a Marisa, al comentario que me hizo al post titulado “La Eneida”:

Si es que con tanto dios, hijo de dios, ninfa, furia, animal mitológico, héroe, nieto de héroe, etc. al final lo que faltaban eran mortales normales y corrientes. Pero mola eso de acojonar al personal diciendo "cuidado conmigo, que soy descendiente de Vulcano".

Pero yo sigo pensando que las mujeres lo pasaban peor. Mira lo que tenían que hacer las pobres como muriese alguien cercano: rasgarse las vestidura, darse golpes violentos contra el pecho, tirase del pelo con furia, gritar lamentos lastimeros, jurar vengarse, y preguntar a Hades una y otra vez por qué no te han llevado a ti en vez de a esa persona. Y eso en el mejor de los casos, porque como fuese una persona realmente querida, tenías que suicidarte y todo, para demostrar tu dolor.

En segundo lugar: Y digo yo… ¿se han fijado en que en las cadenas televisivas han cogido la práctica habitual de poner cartelitos en pequeño sobre lo que van a dar esa tarde, esa noche, o el lunes siguiente? Mira que me fastidia eso, porque no se cortan en ponerlo en mitad de una película o de una serie. Que estás viendo Smallville tan campante, y de pronto, el cartelito “A partir del lunes: Smallville, nuevos capítulos”, que vale que tiene relación, pero es que te saca completamente de la serie. Además, siempre los meten en los momentos más interesantes. Que Lex está diciéndole a Clark eso de “Nuestra amistad hará historia”, y te sale el cartelito. Vamos, que no disfrutas del momento.

Y eso en el mejor de los casos, porque al menos, te anuncian algo que tiene relación con Smallville, pero ¿y cuando estás viendo una película cualquiera y te sale el cartelito “Martes por la noche: Las cerezas”, por poner un ejemplo. Y… ¿Qué pasa si estás grabando la película? Pues que dentro de dos años, cuando vuelvas a ver la película te saldrá eso de “Martes por la noche: Las cerezas”. Que manera de fastidiar a la audiencia.

En tercer lugar, otro comentario a Marisa, pudiendo ser extensible a Eugenio. Si no escribo más post, es porque no tengo tiempo. Ya le comenté a Eugenio, que por mí, si el día tuviese veinticinco horas, mejor que mejor, y ya que estamos, ocho días a la semana y treinta y dos por mes, así, a ojo de buen cubero.

Y por último, la promesa de un siguiente post, en cuanto pueda.

sábado, enero 29, 2005


Marisa Posted by Hello

lunes, enero 24, 2005

La Eneida

“¡Que no! Muere, que es justo, Dido triste.
Acabe tu dolor el hierro duro”

Aprovechando que estoy leyendo la Eneida, me gustaría hacer una divagación sobre la mitología.

En resumen… ¡Que bien se lo montaban en la Antigúedad! Me refiero a los dioses, claro, porque lo que son los humanos, no es que lo pasasen muy bien.

Y yo me pregunto… ¿qué hubiera pasado si no hubiéramos perdido nunca aquellas creencias ciegas en los dioses? ¿Sería el mundo, un mundo mejor? No lo tengo del todo claro.

Por un lado, estaría bien. Bueno, si los dioses rigieran todos y cada uno de nuestros actos, por un lado tendríamos una excusa para actuar de esta forma. Que hacemos algo mal “no, es que me lo mandó Mercurio”, que alguien pilla a su marido con otra “No, la culpa es de Venus, envió a su hijo Cupido para aturdir mis sentidos”; que quieres montar una guerra “No, es que Júpiter quiere que así sea”.

Pero por otro lado, sería un engorro. Eso de que los dioses se pasen el día enviándote a hacer cosas… como el pobre Eneas: Llega a Cartago, se enamora de Dido, asienta su pueblo, y cuando mejor le iban las cosas, llega Mercurio y le dice que no, que tiene que ir a Italia a fundar Roma. Pues ya son ganas de fastidiar. Además, nos pasaríamos el día haciendo sacrificios. Todo el día dale que te pego quemando becerros, ovejas y toros, y nada de pequeñines, no… todos tienen que ser los mejores de cada especie. Vamos, que te puedes arruinar haciendo sacrificios.

Y si no los haces, peor. Porque los dioses son bastante orgullosos. Como se te olvide hacer un sacrificio, o rezar tus oraciones al dios correspondiente antes de hacer la más mínima cosa, ya te puedes dar por muerto. Ya puedes estar rezando para que una Arpía no se cruce en tu camino. ¿Os imagináis cada mañana yendo a trabajar, y luchando contra centauros, hidras, y otros seres mitológicos? Porque claro, digo yo, que tendríamos que salir tres horas antes para llegar a tiempo.

Y todo este trabajo tiene que estar meticulosamente estudiado. Como te salgas un centímetro de los planes de algún dios, ya la has liado.

Pero como ya he dicho, lo bueno es que tienes excusa para hacer lo que te dé la gana. La guerra de Troya, por ejemplo. Que Menelao quiere invadir Troya, no le hace falta decir que Príamo tiene armas de destrucción masiva. Lo único que tiene que decir es que por una rivalidad entre tres diosas Venus ofreció a Paris a su esposa Helena, la mujer más bella del mundo, y que por eso está cabreado. La excusa les gustó lo suficiente como para estar luchando diez años.

Y es que hay algo que no me gustaría nada si la mitología aún tuviese vigencia. Las peor paradas son siempre las mujeres. Tres diosas son las responsables del juicio de Paris, una mujer es la culpable de la guerra de Troya, y siempre he dicho que la peor parada en toda esta historia es Penélope. ¿Qué no?

Un día te levantas, y tu querido marido Ulises va y te dice que tiene que irse a luchar para recuperar a la mujer más bella del mundo, que es esposa de otro griego, pero que se ve en la obligación de ir a guerrear para recuperarla. La chica ni se queja, y allí se queda en Ítaca, con su hijo pequeño a esperar a su marido. El tal Ulises se va a la guerra y allí se pasa diez años. Y, sinceramente, yo creo que se le ocurrió lo del caballo de Troya porque como tarde más en volver a casa, Penélope iba a empezar a mosquearse. Encima la pobre tiene que aguantar que su marido se dedique a cabrear a los dioses y le castiguen con no poder regresar a su casa así como así. ¿A quién se le ocurre ir por ahí cabreando a los dioses? Pero nada. Él para allá y para acá con su barco. Que si una isla, que si otra, que si un monstruo mitológico por aquí, que si hablo con otro dios por allá; total, que Ulises llega siete años después, y se encuentra con que la pobre Penélope ha tenido que criar a Telémaco ella sola, y dar hospitalidad a todos sus pretendientes durante todos estos años. Y por si fuera poco, tiene que hacer todo esto mientras tejía de día y destejía de noche.

(Aprovecho para decir a los interesados, que si alguien comparte mi punto de vista sobre lo desdichada que es Penélope, que lea “La tejedora de sueños”, una obra de teatro que me gustó mucho.)

Otra que lo pasa fatal es Dido. Esta también sufre lo suyo. Para empezar, su padre la ofrece en matrimonio, y, una vez casada, su hermano Pigmalión le mata. Ella huye, y funda Cartago. Una vez que se establece y cree que va a ser feliz para siempre, aparece Eneas. Su madre Venus, para que no traicione a su hijo, envía a Cupido para que Dido se enamore perdidamente de Eneas. Entre ella y Juno lían la cosa para que a Dido no le vaya tan bien el noviazgo, y un día Mercurio se presenta ante Eneas y le dice que su sino es ir a Italia (y dale la perra que les ha dado con Italia a todos).Así que el tío le dice que se larga. Otra buena excusa. Si alguien quiere dejar a su pareja, que le diga que se le ha aparecido el dios Mercurio, a ver si se lo traga. Si es que en la actualidad muchas de estas cosas no tendrían credibilidad. Entonces Dido se suicida. Pero eso no es todo, porque ¿va Eneas a dejarla que descanse en paz? Nooooooo…. Él tiene que ir al inframundo a ver su padre (otra de estas cosas que hacían en la mitología), y allí se encuentra con ella. Ella ha vuelto con su marido, y pasa de Eneas. Supongo que pensaría que con una oportunidad que le había dado para que la deje, era suficiente.

En resumen, que no le veo yo mucho futuro a la mitología en la época actual, pero si alguien quiere intentarlo, que me avise: tu pones los becerros, ovejas y toros, y yo el fuego y las oraciones.

PD: Que no se piense nadie no, que no me está gustando la Eneida. Me está gustando, y mucho, al contrario de lo que pensaban algunos que me decían que eso era un coñazo. ¡Pero si es muy entretenido! Y estoy aprendiendo mucho sobre los romanos.

sábado, enero 15, 2005

Sin noticias de Gurb

"17:00 Sin noticias de Gurb"

Lo admito, en este caso, Gurb soy yo. Sé que he estado mucho tiempo sin aparecer por aquí, y no, no me he disfrazado de Marta Sánchez y me he ido de juerga por la tierra como Gurb. Lo mío ha sido más dramático.

Todo comenzó con la forja de una casa en mi calle. Las fuerzas oscuras, rompieron los lazos telefónicos y tuve que llamar al mismisimo señor oscuro, Telefónica, para que arreglasen lo que habian hecho.

Así, la responsabilidad de recuperar internet cayó sobre una pequeña hobbit llamada Gurb... digo... Galaura...

Ella hizo todo lo posible para recuperar internet. Muchos fueron los enemigos y sus peligros, y pocos sus aliados. Tras llamar a Wanadgandalf y llevar el ordenador ante Aragorn, el señor que trató de arreglarlo, apenas consiguió nada. Pero lo que si que consiguió Aragorn, fue encontrar un virus provocado por un ataque de Nazgul. Y Aragorn utilizó ácelas, la hoja de reyes, con el ordenador, pero como por lo visto no queria enfrentarse a su destino, la usó mal, y de paso, borró la memoria del infectado. Digo yo, que Aragorn podría haberse enfrentado un poquito a su destino y no borrarme todo lo que tenía guardado, pero bueno, así es la leyenda.

Fue así cómo Galaura se esforzó al máximo por recobrar internet. Pero nada puede con el poder del señor oscuro. Una a una, las posibilidades de recuperación fueron derrotadas, hasta que al fin, una última alianza se enfrentó contra el señor oscuro por la libertad de la linea media. Fue entonces cuando Galaura, recurrió a la espada de su padre y derrotó al señor oscuro.


Apéndices:

La memoria del ordenador nunca fue recuperada. Galaura y su hermana Arawen siguen cabreadas, muy cabreadas, pero es el destino, y no puedes estar cabreado con tu destino.

Telefonica tuvo que enviar a un técnico que arreglase la linea, dándole así razón a Galaura, razón que ya le podía haber dado hace mes y medio, digo yo.

Internet fue recuperado, pero el retraso en los post es inevitable. Con un poco de paciencia, me recuperaré.

sábado, octubre 30, 2004

Las mil y una noches

Y díjose el rey para sí mismo: "¡Por Alá, no la mataré hasta que conozca completamente el final de esta interesante historia!"

Si creía que mis noches de verano eran como mínimo interesantes, ahora sé que mis noches de invierno son aún más ajetreadas:

- Laura… Laura…

Abro los ojos, y veo a Marisa de pie ante mi cama mirándome.

-¿Me ayudas a pasar la cama? Tengo miedo.

Y yo que creía que Marisa era más valiente que yo.

Os explico. Después de la respiración en su habitación, que resultó ser de mi hermana Sonia, y no de Darth Vader como empezaba a temer Marisa; acostumbramos a dormir las tres juntas en la habitación grande de vez en cuando, así que, al quedarse sola viendo la tele por la noche le entró miedo…

- …porque al pasar de canal ha salido el anuncio de la nueva peli del exorcista. Mira que son cabrones los de Antena 3…

…y tiene razón. A partir de cierta hora, no paran de poner ese anuncio para acojonar. Aún así…

-…he estado una hora viendo la tele, para ver si se me pasaba, hasta he visto Sexo en Nueva York, pero nada, que estoy acojoná.

Tratando de despertarme y levantarme para cambiar la cama de sitio, le pregunto la hora. Las dos y media. Miro a Sonia y está profundamente dormida. Mejopr. Lo raro es que durante todo el tiempo que tardamos en pasar la cama, casi por encima de ella… ni se inmutó.

En el proceso, Marisa me estaba contando que los hobbits han existido de vedad. Por lo visto han descubierto que han existido unos seres de un metro de altura y peludos. Les llaman los hobbits, así que supongo que cerca de los huesos han encontrado rastros e alguna pinta… o una pipa con tabaco de la comarca, si no, no sé como sabe que son hobbits. A saber.

Marisa acostada a mi izquierda, Sonia a mi derecha, y yo… dormida.

Me despierto, me levanto, me acusto, y escucho que Sonia está hablando. Agudizo el oído… jejeje… a ver si me entero de qué está soñando.

-¿Y cómo sabe él que nosotras ksljdfiwhenc?.dice después.

A mí se me ocurren tres preguntas en ese momento:

1- ¿Quién es él?
2- ¿Qué es lo que sabe?
3- ¿Cómo sabe lo que sabe?

Pero Sonia queda muda. Vaya. Con lo que habla ella durante el día, y va y se calla ahora.

Ala, a seguir durmiendo.

Esa noche fue relativamente normal. La noche anterior o la anterior a esa, me acojoné yo.

Estoy teniendo una pesadilla. Algo sobre una muerta en mi salón, a la que tengo que analizar de algún modo. La culpa es de Stephen King, seguro, pero por ahora le perdono porque me he despertado. Me siento en la cama, empiezo a beber agua y…

-¡Ha pasado algo!- dice Sonia detrás de mí.

¿Qué ha pasado algo? ¡Claro que ha pasado algo! ¿No has oído mi corazón detenerse cuando me has gritado? ¡Estoy sufriendo un infarto! Trato de marcarme un putno, sonando relajada, pero en realidad me estoy felicitando por no haber gritado.

-No ha pasado nada- le digo

-Sí, ha pasado algo, lo he notado.

“Mira, niña, o te callas, o te callo”. Pienso para mis adentros. “¡Esas cosas no se dicen a las cuatro de la mañana después de haber tenido una pesadilla!”

-No ha pasado nada- le repito más para mí que para ella.

Y va Sonia… ¡y se duerme! ¿pero como puede alguien dormir cuando ha estado a punto de matar a otro alguien de un susto? Esta hermana mía un día de estos acaba conmigo.

O yo con ella, porque otra noche, volvía yo de la cocina a eso de las tres de la mañana, cuando me di un golpe con la cama. Sí, ríanse, pero no es nada fácil orientarse en una habitación con tres camas y dos compañeras que te pegan sobresaltos por la noche.

Y allí estaba yo, frotándome la pierna y aguantándome las ganas de maldecir la cama en voz alta, cuando escucho:

-¡Tata! ¿Tú quieres matarme de un infarto?

- ¡Infarto el mío, que soy la que se ha dado el golpe!

-¿Golpe… que golpe?

-¡El que me he dado con la cama! ¿Tú qué crees que has escuchado?

-Pensaba que habías cerrado la ventana a mala leche.

Ya le vale. Aunque eso da igual… a los dos minutos está dormida, como siempre.

Pero independientemente de estos altercados, en el fondo me quieren, y no quieren matarme de un susto. Esta mañana sin ir más lejos. Me levanto, estoy en el salón desayunando, y llega Sonia en pijama a decirme que me vuelva a la cama. Yo me quedo pensando en si es sonámbula y no sabe lo que dice, pero antes de que pueda ponerme a analizarle las múltiples desventajas de volverse a la cama cuando ya son las once y media de la mañana, me dice…

-No, si Isa yo estamos despiertas, hablando en la cama, y faltas tú.

¡Acabáramos! ¡Hacedme sitio, que voy! Con lo divertidas que son ellas dos recién despiertas…

sábado, octubre 09, 2004

El fantasma de Canterville

Después del trágico accidente ocurrido a la duquesa, ninguna de las doncellas quiso quedarse en casa, y lady Canterville no pudo ya conciliar el sueño, a causa de los ruidos misteriosos que llegaban del corredor y de la biblioteca.

Hace un par de semanas que estoy en un piso de estudiantes en Murcia, con mi hermana Sonia y mi amiga Marisa. Puede parecer que eso de estar en un piso de estudiantes es una juerga continua de jueves a jueves, pero en nuestro caso las mayores juergas que nos corremos son las sesiones de cine con palomitas, o jugar al trivial de El señor de los anillos.

El primer día, o la primera noche, decidimos ver una de terror japonesa, para ir abriendo apetito, de modo que Marisa se trajo Dark Water y nos pusimos a ello. La película va de una madre y su hija que se mudan a un piso nuevo en el que hay mucha humedad y el fantasma de una niña en el piso de arriba. Bonito argumento para ver la noche en la que te mudas a un piso nuevo. Aquella noche, investigamos por si había manchas de humedad en el techo pero no encontramos ninguna, de modo que dimos por supuesto que no había fantasmas por allí cerca.

La primera noche la pasamos bien, salvo por un pequeño inconveniente. Tenemos una botella de agua dentro del frigorífico, de modo que cada cierto tiempo, hace un ruido, como un crujido, porque el agua se está enfriando dentro. Este ruido se oye por toda la casa cada vez que pasa.

Durante la primera noche no hay ningún incidente más, pero la segunda… en la segunda noche, Marisa apenas durmió. Resulta que, según nos contó al día siguiente, de noche escuchaba una respiración en su habitación. Yo, en mi afán inconsciente por usar la razón en todo aquello que puede parecer no razonable, le sugiero que quizás escuchaba la respiración de mi hermana, ya que Sonia respira muy fuerte mientras duerme, y Marisa tiene un oído muy fino de noche. Pero ella no estaba del todo convencida y me sugirió que esa noche yo durmiera en su cama y ella en la mía.

Llega la noche y al final decidimos dormir las tres en la misma habitación. Esa noche, tratamos las tres de descubrir cualquier inspiración, expiración, susurro, suspiro o bostezo que nos sonase a sobrenatural, o más bien queríamos algo de tipo natural, ya que eso significaría que no había fantasma posible. Pero aparte del sonido de la botella al que nos estamos acostumbrando ya, lo que oímos fue algo muy distinto de lo que esperábamos…

Cuando por fin nos callamos las tres y empezamos a querer dormir (unos cuarenta y cinco minutos después de habernos acostado), escuchamos una risa contenida de la cama de Marisa. Sonia y yo nos echamos a reír hasta que Marisa nos explica que cuando duerme con alguien en la misma habitación, le da la risa en mitad de la noche, y entonces es cuando las tres nos reímos sin poder controlarnos durante otros cuarenta y cinco minutos más. Pero esto me da pie a pensar que si le da risa cuando hay alguien en la misma habitación y la noche anterior no le dio la risa, sino que estaba acojonada, sería por que no había fantasma ninguno, pero me duermo antes de poder exponer en voz alta mis conclusiones.

Antes de acostarnos le había recomendado a Marisa que estuviese muy atenta de la respiración de Sonia para que comparase con la que había oído el día anterior, y por la mañana nos dice que la respiración es diferente. De modo que igual tenemos un inquilino en el piso que no paga el alquiler. Marisa empieza a hacer sus conjeturas y asegura que la presencia que siente en su habitación es femenina (esto echa al suelo la teoría de que el dueño de la respiración pueda ser Darte Vader, lo cual, según Marisa, le daría mucho más miedo que si fuera un simple fantasma).

La segunda noche de experimentos, Marisa decide quedarse a dormir con nosotras y seguir buscando al dueño o dueña de la respiración incordiante, y esa noche, sí que escuchamos algo, además de la botella, claro.

A mitad de noche, cuando Sonia y yo ya estábamos en la frontera del país de los sueños, mirando a Morfeo que nos atraía hacia sí, con su bolsa de arena preparada para echárnosla en los ojos, escucho a Sonia que se despierta de golpe y dice:

-¡Tata! ¡Tata! ¡He escuchado la respiración!

A lo que Marisa aclara.

-Has sido tú.

Yo intento averiguar de qué hablan estas dos y sigo oyendo que Sonia dice.

-No, pero es que ha sido la respiración como tú decías. Primero respirando normal, y después más fuerte. ¡Lo he oído!

Y Marisa otra vez:

-Sí, yo también lo he oído. Has sido tú.

De modo que me río un rato, le doy las gracias a Sonia por despertarme cuando tenía a Morfeo tan cerca, e intentamos seguir durmiendo.

Al día siguiente, Marisa hace un experimento, y en mitad del salón, empieza a decir a voz en grito:

-¡Si hay alguna presencia en el piso, que haya ruido con la botella!

Y seguidamente se quedaba con cara de terror rezando para que no se oyera la dichosa botella. Después de varios intentos fallidos más, decidió que eso era jugar con fuego, y decide dejar el juego y dar por supuesto que la respiración es de Sonia o de algún vecino.

El domingo pasado, vamos a dormir cada una en nuestra habitación (yo con Sonia), y un rato después de acostarnos escuchamos la maldita botella, de modo que…

-Sonia… ¿has escuchado eso?

-¿Qué? ¿La botella?

-Sí.

-Sí.

-Pues… siento decirte que… no hay ninguna botella. Marisa y yo hemos decidido sacarla esta noche para que no molestase.

-¿En serio?

-Muy en serio.

Al día siguiente comentamos lo de la botella, pero no sacamos en claro una cosa… Si no hay botella dentro del frigorífico… ¿qué es lo que cada veinte minutos más o menos hace ese sonido?

jueves, septiembre 23, 2004

El coloquio de Monos y Una

Monos: Sí, nombré a la muerte. Y aquí… ¡cuán singularmente suena esa palabra que antes llevaba el terror a todos los corazones, que manchaba todos los placeres!”

Anoche Gastoff me convenció para que viera con él “El planeta de los simios”. Pero primero les hablaré de Gastoff. Gastoff es mi mono. De modo que cuando se enteró de que daban “El planeta de los simios”, quiso verla, y no se le puede negar a Gastoff ver una película. Es un cinéfilo empedernido. Como se le meta en la cabeza que quiera ver una película no acepta un no como respuesta. De modo que se quitó las gafas de sol que le robó a Garfield (el gato de Eugenio), y nos pusimos los dos a ver la película. Los títulos de crédito ya fueron demasiado largos (y muy sosos), pero Gastoff no se deja impresionar por unos títulos de crédito largos y sosos, así que estaba entusiasmado por ver una película con sus semejantes.

Durante el principio le pregunté si acaso salía algún familiar suyo en la película, pero me dijo que no. Sólo un tío suyo quiso ser actor, y se presentó al casting de “En busca del arca perdida”, pero le dieron el papel al novio de la mona de Spielberg. El tío de Gastoff acabó haciendo películas de segunda categoría, pobre, pues según me ha dicho Gastoff, era un gran actor, y hubiera llegado lejos de haber tenido una gran oportunidad.

También trato de explicarle a Gastoff que la película que estamos viendo es una especie de remake de otra película, pero no le cuento lo de la Estatua de la Libertad para no estropearle el final. Cuando el protagonista aterriza en el planeta de los simios, Gastoff se lleva una desilusión. Esos no son simios, son humanos disfrazados de simios, con grandes efectos de maquillaje, pero suerte de que dan anuncios, porque durante ellos pude convencer a Gastoff de que siguiera viendo la película. No paraba de repetir “cuánto intrusismo, si mi tío levantara la cabeza…”

Pero conseguí que siguiera viendo la película. Seguí explicándole cosas, mientras me preguntaba por qué Tim Burton se mete en camisas de once varas. Con lo que me gustan a mí sus historias originales, y tiene que ponerse a dirigir un remake. Así sólo conseguirá ser el director menos favorito de Gastoff, como ya lo es de mi hermana María Cristina, después de que viera “Eduardo Manostijeras” porque dice que no le gusta que al final no se queden juntos (he intentado explicarle que el amor entre Winona Ryder y una especie de Johnny Frankestein Depp no puede funcionar, pero a ella le da igual).

La película estaba acabando (y Gastoff ya se había resignado desde hacía rato a que no le gustase la película), y yo espero que salga la Estatua de la Libertad, como Dios manda, pero sale una nave. Pero no pierdo la esperanza, igual sale luego. Todo acaba, el prota se va a la Tierra, y yo pienso… “bien, ahí estará la Estatua de la Libertad” y miro a Gastoff pensando “qué sorpresa se va a llevar”. Pero la Estatua de la Libertad ha sido sustituida por la estatua de Lincon con cara de simio. Que igual tiene sentido, conociendo a Tim Burton, pero no sé yo.

Gastoff acaba muy cabreado, y le prometo ver otro día “King Kong”, pero no le digo que Peter Jackson está preparando un remake, no vaya a ser que se niegue a verla.

Por último, le doy un beso de buenas noches, y le acuesto a dormir.

martes, septiembre 21, 2004


prueba Posted by Hello

lunes, septiembre 20, 2004

El sueño de las calaveras 2º

"Es así, cuando toca en cosas imposibles, y piadosas, que los sueñan Reyes, y grandes Señores, como se colige del doctísimo, y admirable Propercio en estos versos..."

Hoy os voy a contar otro sueño. Puede que me repita, pero es que me lo paso tan bien en mis sueños que no puedo evitarlo. Este ocurrió hace un par de días. Yo me acosté a dormir tan tranquila, y me puse a pensar en la última película que había visto (Cold mountain, o quizás otra), y de lo último que estaba leyendo (“El cuerpo” de Stephen King), y de repente, sin venir a cuento, me veo vestida de geisha a la entrada de un club. Supongo que esto fue motivado por “Memorias de una geisha” que lo leí hace poco, pero el caso es que ahí estaba yo, con una amiga (amiga en el sueño, que no en la realidad), tratando de engañar al portero para que nos dejase entrar. El caso es que yo estaba vestida así y trataba de entrar al club, porque yo era agente secreto. Sí, señores, agente del servicio secreto de su majestad. De pequeña era uno de los empleos que yo quería tener cuando fuera mayor. Demasiadas películas de James Bond, supongo.

Cuando consigo entrar al club, había por allí una panda de mafiosos. Yo era un componente del grupo, me había logrado infiltrar, y estaba tomando notas mentales y tal cuando alguno de los mafiosos dice que hay alguien infiltrado en el grupo. Yo pongo cara de “yo no he sido” porque en fin, ya se sabe como son estos mafiosos: llevas un micro oculto y empiezan a mirarte con mala cara, y como se enteren de que en realidad perteneces al servicio secreto, ya ni te cuento.

El capo empieza a acercarse a mí, y empiezo a planear una escapada en plan Kill Bill. Sí, lo sé, demasiado cine; pero me apasiona. El caso es que cuando ya me veo repartiendo patadas antes de que a los mafiosos les dé tiempo de sacar sus recortadas, el capo se acerca cada vez más a mí y de repente…
me despierto. De la impresión de no verme en mitad de un club rodeada de mafiosos cabreados me muerdo el labio (cosa que no recordaría hasta por la tarde de ese día).

Pero que lástima despertarme. Con lo que me gusta a mí ser agente secreto…

sábado, septiembre 18, 2004

La Odisea

"¡Oh diosa, hija de Zeus!, cuéntanos aunque no sea más que una parte de tales cosas."

¿Nunca habéis tenido uno de esos días en los que parece que todo se pone en vuestra contra? Pues mi día de ayer, fue uno de esos. Resulta que tenía que ir a hacer la matrícula para hacer el CAP, es decir, una especie de curso obligatorio para hacer oposiciones a profesor, y ese día… todo estaba en mi contra. Me sentí como Ulises tratando de llegar a Ítaca y con todos los dioses en mi contra.

7:30
Me levanto, pensando en que a estas horas de la mañana deben de estar cerradas las calles y no me van a dejar salir de mi casa, por lo que no se por qué me molesto, si no voy a poder llegar a ninguna parte.

8:02
Paso cerca de un bar en el que ponen una pizarra en la puerta todos los días con una cita de algún escritor o reflexión de algún artista y/o pensador que suelen molar, así que la leo. La de hoy dice: “La mayoría de lectores meten los libros en la biblioteca, la mayoría de escritores meten la biblioteca en los libros”. Si lo piensas bien, tiene su lógica, de modo que sigo mi camino pensando en la frasecita, aunque me gustaba más una que había escrita en una pared que decía: “Soñándome despierto o dormido, mis sueños nacen marcados por unos pasos imposibles. C. Baudelaire”.

8:15
Llego a la parada y me quedo con cara de “¿qué pinto yo aquí a estas horas de la mañana y por qué no tengo coche?” durante un buen rato.

8:25
Llega el autobús a Murcia y después de pagar mi billete, el conductor me dice que no hay sitio. Me quedo con cara de “yo no me bajo del autobús aunque venga Keanu Reeves diciéndome que hay una bomba en él”, de modo que dejo que el conductor llame a cuatro o cinco personas para buscar una solución. Decide sentarme en el asiento de al lado del conductor y llevar al resto de pasajeros que se han quedado sin asiento a un lugar donde puedan coger otro autobús.

8:35-9:10
Viaje en autobús. Sigo con cara de “¿qué hago yo aquí?” y “¿por qué no tengo coche?”

9:15
Vago como un gato por las calles de Murcia buscando una fotocopiadora abierta. Cuando la consigo, saco las fotocopias correspondientes, y salgo pitando a coger el autobús a Espinardo (la universidad).

9:50
Me bajo en la parada de “Facultad de Educación”. Después de esperar un buen rato, me dicen que me he equivocado de sitio. Sí, lo sé. Tendría que bajarme en la facultad de Ciencias de la Educación. Vaya error. Después de sentirme como Lisa Simpsons en el capítulo en que va al museo, y en vez de subirse en el autobús 18 se sube en el 18A; y en él no llega a la zona 52, sino a la zona 52A, donde hay un cartel muy gracioso con un mapa, y en el que pone “Usted está aquí, nosotros no”; voy otra vez a la parada y me quedo con cara de “¿a qué hora pasará el próximo autobús?”

10:30
Me canso de ver pasar camioneros que se me quedan mirando (decidido, es la última vez que me pongo falda para coger cinco autobuses en un mismo día). Y decido ir andando. Después de todo, solo hay aproximadamente siete centímetros desde donde estoy hasta donde tengo que llegar en el mapa que me ha dado la señora de secretaría, de modo que no puede haber mucho.

11:00
Después de pasar siete facultades, varios aularios, unas instalaciones deportivas, y dos hospitales (uno veterinario y uno de medicina), llego por fin al edificio D donde está el Instituto de Ciencias de la Educación, o ICE (que después critiquen los TIMOS de Harry Potter). Una vez allí pago 1.20 euros por un sobre de matricula y un pequeño libro cuya información podría haber conseguido en internet, cojo número y subo al tercer piso para hacer la matrícula. Allí me entero de que va por vez, y no por número, como en las carnicerías.

11:50
Diez personas delante mía (de las cuales dos iban a preguntar una cosa, y cuatro las han atendido en otro sitio por otras razones), han tardado cincuenta minutos en hacer su matrícula. Justo antes de que me toque, me pregunto a qué se dedica exactamente una señora que había al fondo, que se pasó veinticinco minutos de reloj hablando con alguien sobre su hija. Me reafirmo en mi decisión de querer ser funcionario del estado, y hago mi matrícula. Cuando veo el precio, casi me da un patatús, pero no puedo desmayarme porque tengo que coger otro autobús para volver a Murcia.

12:15
Esperando el autobús me hago una pregunta que será una incógnita el resto de mi vida. Resulta que en Murcia hay unos carteles que te indican qué tiempo falta para pasar el siguiente autobús, pero mi reloj debe atrasar, porque cada minuto del cartel, dura unos noventa segundos de mi reloj. Qué cosas. Otro error que cometí aquel día fue pensar con lógica. De pequeña me enseñaban en clases de matemáticas: “Si hay mucha gente que quiere ir de un lugar a otro, y de ese otro lugar al primero… ¿qué es lo lógico?” Mi respuesta es que pase un autobús cada diez minutos, pero en Murcia debe parecerle lógico que pasen tres juntos cada treinta. Con cara de “qué equivocada estoy con esto de la lógica, emprendo mi vuelta a Murcia.

12:50
Llego al lugar de encuentro con dos amigas (¡Hola Isa!), y descanso un momento.

13:15-13:45
Paso el tiempo en mi piso de Murcia y cuando nos entra hambre, nos vamos.

13:45-14:10
Volvemos a esperar otro autobús, pero viendo que no llega, nos vamos andando.

14:10
Cómo me gusta la comida china. Qué bueno está el arroz tres delicias. Que bien sienta el Wan-Tun frito después de un duro día de autobuses.

15:30
Otra espera más para otro autobús más. Si vuelvo a coger otro autobús hoy, me suicido. Vuelvo a querer un coche. Tendré que participar en todos los concursos que se sortee un coche que pille.

16:15
Llegamos al cine, compramos chocolate, y esperamos en la sala a que empiece. Vemos a unos chavales con pinta de estar en la edad del pavo, y nos tememos lo peor.

17:03
Empieza la película, La maldición 2, y nuestras peores sospechas se hacen realidad. Sonido de la madre de Toshio cuando quiere matar a alguien, y maullidos, todo ello por parte de los adolescentes antes mencionados.

18:00 (aprox.)
Muy cabreada, y después de gritarles algo a los “importunantes”, salgo a por el acomodador, y le amenazo con denunciar al cine si no hace que los importunantes se callen. De modo que entra en la sala, mi amiga Isa le dice que los importunantes son dos “pirulines” de la izquierda, y todos los de la fila de atrás, y el pobre acomodador tiene que acabar viendo a Toshio durante toda la película, para que nadie hable.

20:00
Cogemos el último autobús del día (después de pensar en la amenaza de suicidio de las 15:30), y vuelvo a Cartagena.

Vaya día.


sábado, septiembre 04, 2004

Un desafío: drama en tres actos y en prosa.

SIDNEY.- ¿Qué he hecho yo para merecer tanta dicha, miladi?


Que divertida que es la televisión. En cuatro minutos de una telenovela elegida al azar…

Un tío calvo con un parche en el ojo, se entera de que una tal Marcela, o Miurca, o algo por el estilo, está embarazada. Por lo visto, él la violó en algún capítulo anterior, y para acabar su venganza (no han dicho de qué se quiere vengar si fue él el que la violó a ella, y no al revés), quiere quitarle al niño y darlo a un orfanato. De modo que para enterarse si de verdad es suyo, va a ver a su madre (a la madre del del parche, no de la chica embarazada), y ella le dice que es cierto que está esperando un hijo, pero entonces aparece el hermano (otra vez el del del parche), y le dice que tendrá que pasar por encima de su cadáver si le quiere quitar al niño a la chica en cuestión. Después de una discusión, y de que uno de los personajes diga algo así como “Yo te juro que ví a Marcela con este único ojo que me queda” (a ver si alguien adivina cual de los personajes lo dijo). El caso es que la madre de estos dos, y el hermano bueno, deciden ir a ver a Marcela para decirle lo que ha pasado. Me doy cuenta de que repiten mucho lo que pasa para que nadie se pierda, y si alguien pasa la tele de canal por casualidad, se entere bien de que va la cosa y empiece a picarse. Se me acaba de ocurrir un experimento. Consiste en ver una vez al día cinco minutos sólo de una telenovela cualquiera. Apuesto lo que sea a que el sujeto del experimento no se perderá nada interesante, y se enterará de toda la historia. Si alguien se ofrece voluntario para que experimente con él, que me lo haga saber.

Después sale una chica muy rubia que está mirando ropa de bebé, por lo que deduzco que es Marcela (ya tenia ganas de verla, tanto hablar de ella). Cuando se entera de lo que ha pasado se cabrea mucho, mucho, y les dice a todos que el hijo que espera es de un doctor. Sea como sea, no me espero a que salga el doctor este. Me aburro. ¿qué estarán dando en otros canales?

Vaya, un programa de estos en los que se cuenta la vida de los famosos. En un cartelito azul, en el borde inferior derecho de la pantalla se lee: “María: fui testigo de los malos tratos de Ernesto a Carmina”. Por lo visto una tal María está hablando de la vida de otras personas ajenas a ella, y dando su opinión de lo que pasó. La presentadora pone cara de “Me voy a mostrar condescendiente con esta mujer siempre que ella siga hablando de los famosos, que es lo que le gusta a la audiencia”. El resto de personas en plató, haciendo preguntas a la tal María. Me aburro. ¿Qué darán en otra cadena?

Vaya, introducción a un nuevo programa titulado “La granja”. Esto es como Gran Hermano, pero más aburrido, así que cambio de canal.

Este está codificado. Pero visto lo visto, es mejor que otras cosas que dan en otros canales. De todas formas no me entero de nada, así que…

¡Documental! Esto sí que me gusta. A ver si va de algo interesante. Vaya, se titula “Nuestros caminos de Santiago”, y parece que acaba de empezar. Quien habla es un tal Mateus, que dice ser “el guardián de los caminos”. También sale más gente hablando de sus experiencias en el camino de Santiago. Vaya, echo de menos a los animales que suelen protagonizar estos programas. El típico león que lucha con la típica hiena para comerse al típico elefante, y cosas así. Aunque una amiga mía dice que últimamente está viendo unos documentales muy interesantes. Tratan de lo que hay de verdad en las leyendas, como por qué muere la gente que profana las pirámides de Egipto, o si existen realmente los vampiros. Tendré que conseguir alguno de estos…

Vaya anuncios. Esto si que es interesante, o lo era. Ya no son como antes. Ahora hay alguno bueno, pero antes… eso sí que eran otros tiempos. Pero esta es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión. Por ahora me quedo con la publicidad, y si alguien quiere escucharme, le diré que si quiere sacarle partido a su televisor, que lo use para poner encima la típica figura de la sevillana, que siempre queda como muy español.

Yo por ahora apago la tele, y me conecto a internet, que además, para cuando dan una película buena, siempre es de madrugada… otro motivo más para hacerme vampiro.


viernes, agosto 20, 2004

El sueño de las calaveras

Los sueños (dice Homero) que son de Júpiter, y que él los envía. Y en otro lugar, que se han de creer.

Todos tenemos sueños, y no me refiero a sueños a cumplir en un futuro, sino sueños cuando dormimos, generados por el subconsciente, y sobre los que no tenemos ningún poder. Mas bien son ellos los que tienen poder sobre nosotros.

Sé que muchos no recuerdan sus sueños, y a ellos les compadezco. Más que nada porque a mi me gusta soñar. Me encanta soñar, sobre todo porque suelo tener sueños impredecibles, y de lo más variado. Y es de esto de lo que voy a hablar, de mis sueños, no sin antes excusarme por no haber escrito mi blog desde hace... bueno, desde hace mucho.

Anoche me acosté como siempre, y me dormí como siempre una media hora después. De repente me encontraba en una sala de operaciones, iban a operarme de un tumor y ya me habían puesto la anestesia. Yo estaba esperando a que hiciera efecto, y los médicos también. Pero ellos empezaban a impacientarse y yo tenia miedo de que empezaran antes de tiempo, así que quería dormirme. Por un extraño efecto contrario, en vez de dormirme, me desperté con una extraña sensación de ¿por qué no estoy en una sala de operaciones? y... ¿qué ha pasado con mi tumor?

Algo contrariada, fui a la cocina pero no podía quitarme la sensación de miedo. En ese momento hubiera sido normal encontrarme a un médico en el pasillo que me dijera algo así como: "Vuelva a su cama, señorita Pérez, tenemos que empezar".

El caso es que volví a la cama y cuando me dormí, ya me habían operado. Es raro lo que sucede en los sueños. Si tienes un sueño agradable y te despiertas, no sueles reengancharte, pero si es una pesadilla, seguramente no podrás salir de ella hasta que se hace de día. Bueno, ya estoy operada, pero aún tengo los puntos de sutura frescos de modo que... ¿qué hago yo en un cine? Y lo más importante... ¿que hago yo, recién operada en un cine que está a 1200 km de mi casa? Vaya, ahí veo a mis padres, quizás ellos me expliquen algo. Me acerco a ellos y me quieren llevar a casa. Yo me encuentro muy mal. Pero, ¿qué digo? ¡Claro que estoy mal! Me acaban de operar de un tumor y estoy en el cine. A veces los sueños tienen una lógica apabullante. Me llevan a casa en taxi, y me despierto. Ahora sí que estoy desconcertada.

Pero esto no es nada. Creo que fue mucho más raro aquella vez que soñé que estaba en mitad de una guerra, yo era una de las cabecillas, una de las importantes, y de repente, en mitad de una batalla crucial para la guerra... me encuentro en una especie de cine muy raro, con las butacas a unos 5 metros de altura, y recibiendo consejos de David Carradine. Que direis vosotros... ¿qué iba a hacer David Carradine dando consejos de guerra a esta tía en un cine con las butacas a unos cinco metros de altura? Pues eso mismo me preguntaba yo. Igual las butacas estaban a esa altura porque tenía miedo de que llegase Uma Thurman con su katana y le matase, que todo puede ser en un sueño. El caso es que acepto su consejo, sea el que sea, y sigo con mi guerra.

Y hablando de guerra... ¿pues no soñé yo el otro día que volvía a ser la cabecilla de un grupo rebelde, pero esta vez en mitad de la guerra de Secesión? Y disimulaba haciendo como que buscaba un cine en el que ver una película. (Para los curiosos, mi bando ganaba ambas guerras con el método de las guerrillas). Pero es que el cine ha marcado mi vida. He soñado con casi todas las películas que he visto, o con alguno de sus personajes. Cuando hay una película que espero durante mucho tiempo, acabo soñando tres o cuatro veces con ella justo antes o después del estreno. Pero, ¿qué queréis? si cuando fui por primera vez al cine tenía tres meses y medio de edad. Una cosa así tiene que marcar en la vida de una persona.

Y antes de acabar, haré un repaso a los buenos sueños, a los de terror. Más terrorífico que soñar con que te hagan una operación a vida o muerte unos médicos impacientes, es soñar con los personajes de las películas de terror. Regan ha estado varias veces en mis sueños, y también Caroline (que miedo me da esa niña aunque si lo piensas bien, en la película ella no era mala). Los nuevos niños también han estado presentes en mis pesadillas: Toshío, Samara, y otros. Pero el peor... el peor no salía en ninguna película, sino en un anuncio de televisión.

Ustedes recuerdan un anuncio en el que un señor quería ser el primero en llegar al polo norte, vestido con su traje de primera comunión, cantando las canciones de Georgie Dann, con Georgie Dann? Pues una vez me dormí, y de repente ví a ese señor. No se rían, no. Si alguien soñase que en su habitación se encuentra ese hombre, con su traje de marinero, y cantando La barbacoa, más de uno se asustaría. ¡No había pasado tanto miedo desde que me tapaba con las mantas hasta el cuello en pleno verano porque creía que Drácula iba a venir para morderme (y si me dormía, era peor, porque Freddy Krueguer acechaba en mi mundo onírico).

Pero a pesar de todo operaciones, niños tenebrosos y Georgie Dann, me encanta soñar. Es una alternativa a la vida real. Una alternativa mucho mejor que el mundo real. Como dice uno de mis escritores favoritos en uno de sus mejores libros, soñar tiene la función de liberarnos de la vida real. Si el sueño es agradable, lo pasamos mejor durante un rato, y si es una pesadilla, cumple su función al despertarnos y descubrir que todo es un sueño. Mi consejo: "Soñad y vencereis".

Dulces sueños a todos.

sábado, julio 24, 2004

Morlocks

Aquella mañana Cuqui se despertó siendo un insecto muerto.

Me ha emocionado la historia que Marisa, una amiga mía, ha puesto como comentario a mi post titulado La metamorfosis.

En él narra la historia de Cuqui, una cucaracha inteligente que se hizo amiga de una mortal. De modo, que antes de seguir leyendo, recomiento que vayais a los comentarios de ese post y leais la historia completa antes de continuar leyendo.

Una vez hecho esto, paciente lector, pasaré a rebatir la teoría de Isa sobre el intento de amistad de las cucarachas.

Las cucarachas, como bien has dicho, son O.T.N.I.s. Y como los O.V.N.I.s sus intenciones nunca son buenas. Su intento de colonizar el planeta, es conocido por todos. Se meten en nuestras viviendas, hurgan en ellas, hasta lo más escondido de su ser, y se instalan allí. Allí forman colonias enteras, y según tengo entendido, tienen un programa militar muy cualificado para salir de las profundidades de la tierra y estudiar al ser humano. Porque en una cosa tienes razón, mi querida amiga, las cucarachas son seres inteligentes. Muy inteligentes. Envían a sus soldados para investigar cómo acabar con el ser humano.

¿Acaso crees que un ser humano inventaría una bomba de capacidad tal para acabar con el resto de su especie? No, amiga mía. El invento de la bomba atómica es obra de una cucaracha. Quizás actuando a través de un ser humano. Quién sabe si el inventor de la bomba atómica no es sino una cucaracha que se despertó un día convertido en un enorme ser humano. ¿Qué puede hacer una cucaracha convertida en ser humano? Inventar un sistema de destrucción que acabe con la raza humana y no con la suya propia.

Esa es la realidad. La cucarachas, sin nuestra aparente inteligencia superior, y sin necesidad de nuestros pulgares opuestos, están planeando dominar el mundo. Desde las profundidades de la tierra, surgen de vez en cuando, y se dejan matar algunas para hacer creer al ser humano que somos superiores a ellas. Son como los morlock, que acabarán dominando el planeta y sus alcantarillas.

En realidad, tu madre es la más sabia, pues descubrió a uno de esos morlockucarachas, y acabó con Cuqui antes de que ella avisase a sus compañeras y estableciesen un centro de operaciones en tu propia habitación.

Aunque es posible que Cuqui sea una renegada de su propia especie y en verdad quisiera establecer una amistad contigo. En todas las especies hay renegados. Lo que no iba a imaginar Cuqui es que nos daría a los seres humanos un arma muy poderosa para poder acabar con su propia especie: Javier Sardá. El día en que las morlockucarachas surjan de las profundidades, todos los seres humanos sintonizaremos Crónicas Marcianas y cuando las morlockucarachas estén hipnótizadas frente a nuestros televisores, podremos caer sobre ellas y recuperar nuestro poder supremo sobre la tierra.

Esta es la verdad, amiga mía. Los morlockucarachas son nuestros enemigos. Y si bien Cuqui pudo ser una gran amiga, también es posible que fuera una espía. De modo que no te lamentes por su pérdida. Sé que hay otras especies bicheriles que sí quieren nuestra amistad. Otro día te presentaré a Aracnis, la araña que me canta nanas por la noches para que me duerma.

Hasta entonces, sugiero a todo el mundo que tenga cuidado con esta especie subterrestre.

viernes, julio 23, 2004

La hojarasca

Y yo me pregunto…
 
¿Por qué en los funerales de las películas y series siempre llueve? Que no digo yo que me parezca mal, pero que llueva en el 90% de los funerales que vemos en el cine, invariablemente del mes en que muera el protagonista del funeral en cuestión… me parece raro. Por que claro, si el funeral es en noviembre, enero, o incluso abril, me parece bien que esté diluviando, pero, ¿y si el funeral es en julio? Porque digo yo… ¿La gente en el cine se muere en julio? Aunque bueno, quizás arreglan el guión para que todo ocurra en los meses propensos a la lluvia.
 
Y no sólo es el hecho de la lluvia en los funerales. Pregunta para subir nota: ¿quién reparte los paraguas en los funerales cinematográficos? Porque ahí todo el mundo tiene un enorme paraguas negro: la chica, los familiares, los amigos, e incluso el cura que oficia el funeral tiene a alguien a su lado sujetándole el correspondiente paraguas negro. Todos resguardados bajo la lluvia… menos el protagonista. Que será muy protagonista, pero no tiene su paraguas negro. ¿Será que queda muy bonito en cine poner al protagonista con la lluvia cayéndole por la cara, mojando sus ojos llenos de rabia por la muerte del susodicho?
 
Y eso independientemente de que el protagonista esté estrechamente relacionado con el cadáver… o no. Porque eso no importa. Muera quien muera, a su funeral siempre van una docena de personas que son todos, protagonistas principales o secundarios de la película o serie. ¿Qué alguno de los secundarios no conocía al muerto? Da lo mismo. En el contrato pone que tiene que estar ahí, poniendo cara triste, sujetando ese paraguas negro, y empapándose los zapatos en los charcos que se producen en la hierba.
 
El final de los funerales, es siempre el mismo. Los familiares del difunto se meten en un enorme coche de color negro (aunque en otras partes de la película o serie, el coche familiar fuese una ranchera de color naranja chillón). La chica se va con ellos, por supuesto. Pero el protagonista no. Ese se tiene que ir bajo la lluvia, sin paraguas, con cara triste (o llena de odio preparando la venganza del asesinato del difunto), hacia el lado contrario a los demás. Da igual hacia dónde se vaya el resto. El protagonista se va justo por el lado contrario, aunque tenga que dar un largo rodeo para llegar a su casa (bajo la lluvia, por supuesto).
 
Si es que los guiones están empezando a ser demasiado predecibles.
 
Cambiando radicalmente de tema. Ayer fui al cine a ver de nuevo Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Me encanta la película (ya me gustó mucho el libro). Por muy en contra que esté de J. K. Rowling por el último libro, hay que reconocer que esta mujer ha hecho mucho. No sé de donde sacará sus ideas (quizás sea una mezcla de todo lo que haya leído en su vida, una especie de mezcolanza de plagios), pero aún así, hay que reconocer que la saga me encanta.
 
La película está muy bien hecha. Vale que faltan muchas cosas, pero lo que está está  muy bien. Destacable es Gary Oldman como Sirius Black (pero como me gusta Sirius Black), y todo el final de la película. Desde que aparece el perro negro y se lleva a Ron Weasly hacia el Sauce Boxeador. A partir de ahí todo me encanta. La discusión entre Snape y Sirius es de lo mejor, y también la conversación de éste último con Harry. Vale que me dé mucha rabia que Lupin no se tome su poción y escape Peter Petigrew, pero supongo que es lo mejor para la saga. Si todo sale bien, se acabarían los libros, ¿no? Sólo decir que espero que el sexto sea mejor que el quinto aunque no salga uno de mis personajes favoritos.
 
Vaaaaale. Quizás yo esperaba que sabiendo lo que pasa, Lupin se tomase la poción. Pero nada. Creo que por muchas veces que vea la película, él seguirá olvidándose de eso una y otra vez. Mira que son olvidadizos los licántropos.

viernes, julio 16, 2004

La metamorfosis

Aquella mañana, Gregorio Samsa despertó convertido en un enorme insecto.
 
Anoche, yo me desperté escuchando a mi hermana llamándome.
 
"Tata... tata..."
 
Medio durmiendo aún me levanto y miro por la ventana. Me la encuentro sentada en el jardín y diciendome aquello de...
 
"Tengo un problema. Un problema muy grande"
 
En ese momento, de madrugada (vaaaale, era poco más de la una), y teniendo que levantarme temprano en vacaciones, con lo que me fastidia, y con un presentimiento de que iba a empezar a dolerme la cabeza de un momento a otro, no podía imaginarme que bárbaro problema podía tener mi hermana para estar sentada en el jardín sonriéndome.
 
"Hay una cucaracha en la entrada y no puedo pasar."
 
¡Dios santo! ¡Una cucaracha!
 
"Lo peor es que si abro la puerta, entra en la casa."
 
¡Ah, no! ¡Eso si que no! Verán... soy capaz de tirarme en paracaidas (me gustaría hacerlo), soy capaz de mantener la calma en una situación complicada (incluyendo entrevistas con profesores), soy capaz de irme a vivir durante un mes a otro país en casa de una familia nativa que no entiende mi idioma, pero soy incapaz de enfrentarme a una cucaracha. El mundo no es lo suficientemente grande como para albergar dos formas de vida tan opuestas como las cucarachas y yo. Y eso es un grave problema, pues he oído que por cada cucaracha que ves en una casa, hay miles escondidas debajo.
 
De modo que me apiado de mi hermana y decido ir a coger el spray para los insectos y salir a ayudarla. Mientras me dirijo al patio, pienso en por qué les tengo tanto pánico a las cucarachas. La culpa... de Stephen King. De pequeña ví una película con varias historias. En una de ellas un hombre mata a una cucaracha en su casa, y miles de ellas salen del techo para matar al hombre. Aquella visión me pareció más horrorosa que ver a Regan vomitando puré de guisantes, o a la pequeña Caroline diciendo aquello de "Ya están aquí, los hombre de la tele". El caso es que según me han dicho, esa película era de Stephen King.
 
Llego al patio, cojo el spray, y veo que tiene un dibujo de una hormiga. Dame hormigas, dame grillos, dame arañas, cualquier cosa, menos una cucaracha. Es que son terroríficas ya de por sí. Por un momento me imaginaba un bote de spray para los insectos con el dibujo de una asquerosa cucaracha, y entendí por qué ponían el dibujo de una inocente hormiga: para que la gente pueda comprar el spray sin sentir asco.
 
Con el spray en mi mano y sintiendome armada igual que si tuviera un tirachinas contra un psicopata asesino que decidiera venir a por mi para descuartizarme, me dirijo a la puerta de la calle, y recuerdo mi primer, y hasta ahora único encuentro decisivo con un ser de tan maléfica especie.
 
Ocurrió en mi habitacion de mi piso, y tuvo lugar porque a) era mi habitacion. b) tenía que dormir ahí esa noche y c) estaba sola en el piso y no iba a venir nadie en los siguientes tres días. De modo que era la cucaracha o yo. Estuvo a punto de ganar ella, pero mi spray pudo con ella a tiempo, y gracias a Dios, porque durante nuestra batalla me plantee seriamente sellar la habitación y mudarme al salón.
 
El caso es que abro la puerta de la calle (con el cuidado de quien sabe que su enemigo está acechando tras el umbral), y veo que no hay nada. mi primer pensamiento es "seguro que está en el techo, esperando a que salga para lanzarseme encima. El factor sorpresa es muy importante en este tipo de ataques" pero mi hermana me dice desde abajo...
 
"Está en el segundo escalón, mátala, mátala"
 
Sí, niña, yo la mato y vienen miles como en aquella película.
 
En este momento aparece mi hermana más pequeña preguntando qué pasa, y una vez se ha enterado de todos los detalles (otro día hablaré de la curiosidad de mi hermana pequeña). No sabía que hacer, y mi dolor de cabeza y cansancio iba en aumento, de modo que le digo a mi hermana que pase por encima de la cucaracha (como si yo lo hubiera hecho). Como no me hace caso, se me vienen a la cabeza libros que hablan de las cucarachas (es curioso lo que se viene a la mente en las situaciones así ocurridas en la madrugada). Así que lo primero que se me viene a la cabeza es Gregorio Samsa, convertido en un enorme insecto. Pero eso no es una cucaracha. Dicen que era un escarabajo, pero quién sabe, y mi enemigo acecha, de modo que tengo que ser más rápida al pensar (lo que no es nada fácil con el sueño que tenía y mi dolor de cabeza).
 
¡Cien años de soledad! En Cien años de soledad hablan de las cucarachas (y estuve a punto de dejar el libro por ello, a pesar de que es mi libro favorito). En el libro Aureliano Buendía (o cualquier otro Aureliano o José Arcadio), mantiene conversaciones sobre las cucarachas. Dicen que si hubiera una explosión nuclear, las cucarachas serían los únicos seres que sobrevivirían. También se me viene a la cabeza en ese momento que si le arrancas la cabeza a una cucaracha, aún seguiría viva tres días y acabaría muriendo de hambre, no de otra cosa. ¡Pero como no me va a dar miedo un bicho así! ¡Ya empezaba a imaginarme enormes cucarachas sin cabeza que se convierten en mutantes a causa de la radiación! Y si esa cucaracha que parecía distraída en el segundo escalón de mi casa sería capaz de sobrevivir a una explosión nuclear... ¿¿¿¡¡¡que daño puede hacerle el spray que constituye mi única arma!!!???
 
De modo que dejo el spray en el suelo, le grito a mi hermana que entre ya y me deje en paz, y me voy a la cama a dormir.
 
Esta mañana me he enterado que fue mi hermana pequeña la que salvó a la otra de dormir esa noche en el jardín de mi casa. Lo sé, lo sé. Huí como una cobarde. Lo reconozco y pido perdón. A mi hermana Sonia. A mi hermana María (la única valiente de las tres, por lo visto). Y a la cucaracha por no haber asistido a nuestro duelo particular. Me ganó la batalla esta vez. ¿La culpa? Ya lo he dicho: de Stephen King, Frank Kafka y Gabriel García Márquez. Y por supuesto, al inventor de la bomba atómica.
 
NOTA A LOS FABRICANTES DE INSECTICIDAS: ¿No sería posible introducir su producto en un envase que diera más confianza en sí mismo a la persona que lo usa? ¿Algo como una especie de ametralladora que disparase insecticida, con punto de mira, y un traje a prueba de bombas nucleares de regalo por cada envase?